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sábado, 23 de junio de 2012

Un ser complejo‏



La hostería de la posta. De: Carlo Goldoni. Dirección: José Gómez. Elenco: Antonio Lafuente, Javier Lago, Borja Luna, Ana Mayo, Julián Ortega, Chema Rodríguez. Vestuario: Vicenta Rodríguez. RESAD. 20 de Abril de 2012.

El humano es un ser complejo que oculta su identidad bajo diferentes teorías que manipula y maneja a su antojo. Ninguna persona es un solo ser. Somos muchos dentro de uno e incluso, en ocasiones, estas partes pueden llegar a ser contradictorias en su fin, pero ¿quién puede decir que esto no hace más exquisita la vida?
La hostería de la posta con la dirección de José Gómez, nos señala que al igual que la vida dos tipos diferentes de interpretación pueden coexistir en determinados momentos en escena e incluso en un mismo personaje. De esta forma, observamos actuaciones cercanas a la comedia del arte y en otros momentos a una naturalista, transformando al personaje según la necesidad y pensando tan solo en su fin como eje de acción.
Un agradable espectáculo fue sin duda lo realizado por el estudiante de dirección José Gómez. Una historia de amor que se desarrolla en una posta. Lugar en donde los viajeros descansan y reponen sus fuerzas para continuar su camino. En esta posta un hombre y una mujer se conocen y de inmediato se enamoran, pero él oculta su identidad con la intención de conocer los sentimientos de ella ya que el matrimonio entre ellos está concertado previamente, pero él no quiere forzar de esa manera su relación. Naciendo desde aquí el conflicto que recorrerá todo el montaje.
Las actuaciones sorprendieron por el desenfado en el uso de diferentes códigos y amenizaron el desarrollo de la acción con humor. Los silencios, al igual que los  movimientos de los actores en escena, estuvieron tratados de una forma correcta logrando mantener la atención del público durante todo la obra. Otorgando por ende, una limpieza y precisión a un montaje donde el cuerpo y la palabra fueron los protagonistas.
La escenografía marcada por el espacio vacío fue trabajada en el suelo, en donde se veía una franja de una tonalidad blanquecina, y que con efectos de luces marcaban los diferentes espacios. Al fondo de las escenas se encontraban unas sillas en donde los actores esperaban su turno a la vista del espectador.
El vestuario, semejante a los del siglo XVIII, fue unos de los aciertos del montaje y que se trabajó de forma minuciosa desde las pelucas a los zapatos. Cada uno de estos elementos nos ayudó a entrar en los conflictos y convenciones de la época, sin provocar ningún problema de correspondencia con la obra y ayudando a los espectadores a alejarse del conflicto que vivían los personajes, que para la actualidad y en esta cultura, son poco probables.
Aunque la obra transcurrió entre risas y aciertos, al final, tras un largo silencio nos encontramos con un desprecio realizado por el personaje femenino a su futuro marido, a su padre y a todos los que estaban presentes. Ella salió dando un portazo que de inmediato nos recordó a la Nora de Casa de muñecas. Rompiendo todo lo que se había construido hasta el momento. Este fue un recurso que introdujo el director. Algo que en búsqueda de un colofón final creó dudas en los espectadores y que no encajó con el planteamiento de la obra. Remarcando, de esta forma, una actitud innecesaria y sin ninguna justificación dentro del montaje.
P. Ugrumov

Desde lo invisible




Rezad, la caridad comienza por casa: Homilía de los milagros. Dirección: Andrés del Bosque. Elenco: Mario Martínez, Haizea Águila, Nerea Palomo, entre otros. Sala García Lorca. RESAD.


Lo invisible hecho realidad. Un teatro realizado con lo mínimo, o visto de otra forma, con lo suficiente: El actor, su cuerpo y la comunidad (espectador). Peter Brook decía que la creación teatral es un impulso reflexivo, una acción de precedencias míticas o de hechicería. Un espacio sagrado, donde lo invisible hace presa a nuestros pensamientos y lo absorbe. En si, un reflejo del mundo donde se vive.
El director Andrés del Bosque, citando a Peter Brook, coloca una alfombra al centro de un espacio vacío. Y así lo recibimos apenas entrar en la sala. Un pequeño homenaje a este director Inglés que desde los años cincuenta del siglo pasado trabaja sobre las tablas de diferentes teatros del mundo.
Cuando estamos colocados Andrés del Bosque toma la palabra y tal como un Chaman de cultural primitivas, nos alecciona sobre lo que va a suceder, lo venidero. Pronto nos escuchamos cantando y luego, sin saber cómo, nos vemos bailando una danza Sufí. Aquí comienza el espectáculo, uno donde nosotros somos tan protagonistas como los actores.
Homilía de los milagros es un trabajo que desprende pureza, sencillez y confianza tanto en el cuerpo como en la palabra. El montaje se articula y toma como hilo conductor fragmentos de la Biblia reconocibles por la gran mayoría, pero trabajados desde tres vértices que se fusionan dentro del relato: el actor, el personaje y el narrador. Cada uno inserto en un único individuo que se expone antes de comenzar el relato con sus miedos y esperanzas sobre la acción que realizará.
Este hecho, buscado con sutileza por el director, es una manera suspicaz de hacer participe al público con su empatía. Nos sentimos identificados con el actor y lo comprendemos. Ahora nos presenta su monólogo, lo ayudamos y reímos sus gracias. Todo parece ir bien. Al acabar la presentación, nos mueven, nos hacen bailar y cantar. Ahora tenemos el tiempo de reflexionar lo que nos han narrado. Sentimos la fascinación del rito, del nacimiento del teatro, de lo que muchas veces extrañamos en nuestras salas: La comunión.
El lenguaje, usado para congeniar los diferentes temas con el público fue uno común, sin refinamiento, y en ocasiones duro, pero entendible para todos los ahí presentes. El vestuario, que fue un gran acierto, producía la extrañeza de no contextualizar en una época determinada o en una situación determinada a los personajes. Así podíamos ver desde monjes, en un momento determinado, hasta una prostituta, sin cambiar nada de su vestimenta más que la actitud del cuerpo.
En sí, Homilías de los Milagros, es un montaje que nos transporta a la historia del teatro. Una historia en que todos somos participes y que honra al hombre, la cultura y la vida.

P. Ugrumov

La ley divina




Fatum. Textos de: Sófocles, Pablo Neruda y otros. Dirección: Ana Vázquez de Castro. Elenco: Adán Coronado, Sofía Cruz, Julia Fournier, Pablo Gallego, entre otros Vestuario: Ana Montes. Espacio sonoro: Albano Matos. Sala García Lorca. RESAD.


Nacemos y morimos llorando. Y durante el transito nos encontramos tentados a aceptar alguna verdad en la que sostenernos. Pero caemos y de nada sirven nuestros lamentos. Estamos condenados. Al igual que a todos los que nos precedieron. Al igual que a todos los hombres venideros. 
Fatum, dirigida por Ana Vázquez de Casto, nos presenta una propuesta en que el cuerpo y sus múltiples funciones son el protagonista e hilo conductor del espectáculo. Describiendo y revelando conductas humanas básicas en las que no todos reparamos para cuestionarlas o aceptarlas. Pero que son tan inherentes al hombre como la vida misma.
Dentro de este marco fueron los alumnos de Interpretación Gestual los que se tomaron, literalmente, el escenario y nos enseñaron varias lecciones sobre el compromiso corporal y emocional dentro de la representación. Una propuesta coral donde ninguno destacó sobre el resto y en donde todos buscaron un objetivo común: un exquisito resultado final.
El montaje dividido en varias escenas, en donde podemos destacar la relación del poderoso con el desposeído, la búsqueda y posesión del amor, la codicia y su ignorancia, la lujuria y el desconocimiento hacia el diferente marcaron los puntos más altos dentro de la obra. Todo esto entre cantos realizados por los actores, trabajo de telas y danzas donde se realzaba la figura del cuerpo como medio de codificación de los distintos temas y que se entregaban al público a base de experiencia.
Quince intérpretes, que en todo momento se mantuvieron sobre el escenario, fueron una masa que con desenvoltura se apoderó del espacio y de los diferentes registros que proponía el montaje. A veces, llevando sus cuerpos a los límites más crudos y poco estilizados como en una batalla o a momentos poéticos tan dulces como cuando interpretan a modo de coro un poema de Pablo Neruda.
De esta forma pudimos observar como por momentos ese grupo se transformaba desde pequeñas individualidades a configurar todo un pueblo. Y nosotros mismos estábamos ahí y ellos nos exponían. Cada uno con su destino, cada uno con el camino predeterminado al llanto. Uno que nunca será alegre, pero que al menos nos señala como individuos únicos y maravillosos. Personas cuyas vidas son dignas de ser contadas.

P. Ugrumov

Un curandero para el teatro‏



El fantástico, Francis Hardy, curandero (Faith healer). De: Brian Friel. Versión: Manuel Benito. Dirección: Juan Pastor. Elenco: Bruno Lastra, Maria Pastor y Felipe Andrés. Iluminación y espacio escénico: Juan Pastor. Sala la Guindalera. 27 mayo de 2012. Madrid.  


El micro-mecenazgo es la decisión que ha tomado la gente del Teatro la Guindalera para llevar a cabo este montaje. Las subvenciones del Estado han desaparecido y el dinero falta en cualquier lugar donde pongamos la mirada. Para salir del paso, La Guindalera, liderada por Juan Pastor, nos presenta está forma de crear teatro. Una plataforma de pago digital (Tahona Cultural) que apoya proyectos culturales, y donde gente de distinta procedencia aportan desde 10 a 500 euros para afrontar los gastos a cambio de premios como invitaciones a preestrenos y encuentros con los actores. 
Así pudo ver la luz El fantastico Francis Hardy, curandero. Una obra de sencilla composición, pero con unas actuaciones que destacan por el compromiso en lo realizado. Tres personajes, Francis, Grace y Teddy, realizan tres monólogos de una misma situación que recuerdan desde distintos puntos de vistas, sobre el incidente que separó para siempre sus vidas. Francis es un curandero, una persona que posee un don que, como mucho de nosotros, no puede controlar y que lo hace cuestionarse si él es un farsante o un verdadero sanador. Él lo resuelve diciendo que es un espectáculo, algo que le da el sustento al grupo, y así con la habilidad y los movimientos de un prestidigitador, nos traslada a su última aventura.
El fantastico Francis Hardy, curandero (Faith heeler titulo original) es la versión de Manuel Benito, sobre el texto del autor irlandés. Una versión pulcra donde se consigue mantener el carácter poemático y musical del texto original de Freil.  Resolviendo de forma correcta cambios de perspectiva de los personajes, sus paradas y giros temáticos; consiguiendo de esta forma mantener un ritmo correcto y ordenado en todo momento.
La dirección, realizada por Juan Pastor, demuestra el conocimiento y entrega que ha dedicado a la figura de este autor. Tres obras ha montado del Irlandés anteriormente: Bailando en Lughnassa, Molly sweeney yEl juego de Yalta. En el Fantastico Francis Hardy muestra una sobriedad que roza la elegancia en la concepción pulcra de los movimientos y, también, en el manejo de las emociones en la dirección de actores. Siempre contenidas y sugiriendo más que mostrando.
La escenografía donde se desarrolla cada uno de estos monólogos, esta recreada solamente con lo esencial: unas sillas, botellas de Whiskey, una mesa y el cartel del espectáculo.
De esta forma, Juan Pastor nos señala de buena manera que el teatro no necesita grandes ni ostentosas maquinarias para montar un buen espectáculo. Sólo dos cosas son esenciales: Un buen texto y unos actores comprometidos con su trabajo. El dinero y la infraestructura, con optimismo y buenas ideas, se conseguirá más adelante. Este es un tiempo para sobrevivir, para sanar y mantener vivo una cartelera que podría ser, cada día, de mejor calidad.

Política y teatro




Los excelentes varores. De: Max Aub. Dirección: Manuel Bañez. Elenco: Alberto Hold, Juan Carlos Puerta, Jorge Riquelme, Roberto Tejedor, David Savioz. Escenografía: Antonio Jiménez. Coreografía: Xeria Sevillano. Sala García Lorca. RESAD. 

La política está ligada al teatro de una manera indisoluble. La política es, sin duda, gran parte de nuestro discurso diario y de nuestras vidas. Nos lleva a nuevos espacios y nos hace formar nuevas comunidades. Por lo tanto, lícita es la participación de la política dentro de la esfera del teatro como despertador de conciencia, pero uno debe de ser cuidadoso al tratarla y como premisa se debe de tener en cuenta que el discurso no aburra o no pierda a ningún espectador por el camino. Y este es el problema de los grandes temas en el teatro.
Los excelentes varones de Max Aub, es una obra que sucede en la Alemania nazi en donde las libertades y presiones sociales son demasiadas y cada una va destinada a fortalecer el poderío del Reigh. Dos agentes estudian persona a persona buscando a posibles desertores. Pronto se ven envuelto en la conspiración para silenciar a un científico que puede desmantelar sus planes.
El estudiante de dirección Manuel Bañez llevó a escena esta obra con un sentido estético apreciable, rescatando conceptos presentes en el texto y llevándolos a la puesta en escena en forma de movimiento (teatro gestual). La presencia de ese actor, que nunca dijo palabra, y que expresaba con el cuerpo el poder y la violencia, infringida por la policía de la época, fue un acierto del montaje. Aunque desde aspectos técnicos, los movimientos que realizaba se vieron un tanto forzados y sin la cualidad física necesaria para sostener el poder que señalaba. Denotando el cansancio del esfuerzo físico y la resistencia de un cuerpo poco preparado para ese tipo de acciones.
La escenografía a cargo de Antonio Jiménez tuvo el problema de generalizar y no de particularizar el lugar donde se desarrollaba la acción. Un mural repleto de fotos, que recordaba las innumerables masacres que han ocurrido en la historia actual del hombre no se presentó como algo preciso y digno de contar en este momento y lugar, sino como una excusa a la denuncia de cualquier sistema opresor. Dejando así la idea un tanto estéril y poco trabajada.
El texto de Max Aub es un texto complicado para cualquier director. Es un texto donde la palabra se llena de discurso e intención política. Y este es el punto en que se vio más débil el estudiante de dirección. Dotando a los actores de un tono de voz parejo y sin matices donde lo que primaba era la comprensión para el público del discurso empleado. Una lucha dialéctica interesante, pero que terminó siendo monótona por el mal uso de éste.
Por lo tanto, Los excelentes varones de Max Aub, se presentó como una obra con un desarrollo previsible. Y donde el uso estético del cuerpo humano fue lo más destacado. Llegando a regalarnos momentos poéticos y reveladores como cuando el policía, sobre una mesa, juega al golf con un peón como pelota.

P. Ugrumov

Un teatro para nuestra época‏




El vergonzoso en palacio. De: Tirso de Molina. Versión: Yolanda Mancebo y Yolanda Porras. Dirección: Yolanda Porras. Elenco: Ines Recuero, Luis Seguí, Macarena Sanz, Alberto Barahona, David Aguirregomezcorta, Mapi Molina, Inés Bucero, Cristina Gil, Joana Messias, Fernando Delgado, Ainoa Blanco, Antonio Rodríguez, Cristina Bucero, Ivan Serrano. RESAD, Sala García Lorca. 8 de Marzo 2012.

El teatro del Siglo de Oro, en la actualidad, está lleno de prejuicios. Y con ellos se debe de luchar al ir a presenciar una obra de la época: El habla en verso, la visión machista, la xenofobia, los personajes de la monarquía, etc. Pero sólo basta una buena representación de este gigante repertorio para romper con cualquiera de estas ideas.
La oportunidad la tuvo esta vez Yolanda Porras con la dirección y adaptación, en compañía de Yolanda Mancebo, del Vergonzoso en palacio de Tirso de Molina. La obra se vio en todo momento con un ritmo ágil y una puesta en escena sobria, llevada a cabo por un grupo de interpretación de tercer año de la RESAD.
El escenario desprovisto de cualquier elemento de escenografía contó con una estructura practicable en el centro de la escena que recreo los diferentes espacios con la ayuda de la palabra o un elemento significativo. De esta forma vimos como ese lugar se transformaba en un bosque, en una habitación, en un palacio, etc. Dos hileras de sillas a los costados  donde esperaban su turno los actores fue el lugar donde se producía la música que era realizada en directo por los propios intérpretes.
Si pensamos que para los contemporáneos de Tirso el teatro significaba una fiesta, un lugar donde divertirse y donde el teatro era el guía en un día de diversión; sin duda nos quedamos cortos con cualquier propuesta teatral de la actualidad. Sin embargo, este teatro tiene una energía que brota como una necesidad y se hace escuchar. Y por eso fue una fiesta lo que presenciamos dentro de la sala García Lorca (RESAD) durante esas casi dos horas que duraba la representación. Una fiesta que no nos mostró antigüedad.
El verso se transformó en música dentro del espectáculo. Un verso, que por las características del autor, podríamos  denominar como “duro”, pero con gran carga sicológica en la elaboración de los  personajes. Esto, sin duda, ayudó para producir la empatía con el espectador y eso fue uno de los aciertos de la adaptación Yolanda Porras y Yolanda Mancebo que supieron mantener ese carácter y además entregaron más competencias a ciertos personajes que en la obra original no poseían reduciendo por ende la cantidad de actores necesarios.
La dirección de actores nos propuso una puesta en escena alejada de una concepción naturalista donde se jugaba mucho con la imaginación del público. La entrada y salida de los actores en diferentes escenas fue un gran acierto y ayudó a mantener el ritmo de la obra. Los actores se vieron aplicados, pero en un comienzo un tanto “encorsetados” con el verso. Sin embargo, a medida que la obra avanzaba se iban encontrando más cómodos en el registro y en la dicción, que al comienzo de la obra, mostró un nerviosismo propio del principiante.
A pesar de estos pequeños errores, lo que vivimos fue una experiencia encantadora donde la concentración y el trabajo fueron los principales sostenes del espectáculo. El ritmo no decayó en ningún momento y los cambios de actos de inmediato eran amenizados por cantos que como un leit motiv nos anunciaban lo que sucedería a continuación. El público agradeció, sin ninguna duda, con unos calurosos aplausos al acabar la función a estos jóvenes actores que demostraron una vez más que no existe un teatro antiguo para un buen montaje.

P. Ugrumov

Humildad vs Majestuosidad‏




Hamlet vs Medea. De: María Velasco. Dirección: Diego Domínguez. Elenco: Yayo Cáceres, Nuria de Luna, Richard Collins Moore, Sol López, Jorge Mayor, Paula Ruiz López, Elena Lombao, Sergio Milán. Escenografía: Miguel Ruz Iluminación: Juanjo Llorens. Figurinismo: Patricia Novillo-Fretrell. Diseño Sonido: Luis López Segovia. Director Musical: Miguel Magdalena. Coreografía: Maryluz Arcas. Sala Valle Inclán. RESAD.
  
HvsM: Hamlet vs Medea una obra producida dentro de las aulas de la RESAD en la que se pretendió un acercamiento hacia la profesionalidad como resultado final. Una puesta en escena que produjo numerosas expectativas, pero que a final de cuentas entregó disímiles impresiones.
     No hay duda que María Velasco es una de las promesas de la dramaturgia contemporánea del teatro español. Y que poco a poco va consiguiendo notoriedad dentro del medio. Esto se debe a su trabajo y a la búsqueda de un lenguaje que, obra tras obra, va forjando como propio. En HvsM esto se explota con bastante acierto con monólogos ácidos y descripciones cotidianas que en muchas ocasiones se acerca a lo escatológico con un espíritu poético siempre presente.
     La obra nos presenta, en una época actual, a un Hamlet rico y una Medea de un barrio popular español donde cada uno bordea los limites de la locura. Estos personajes, que en muchas escenas pareciera que se interpretan a si mismos, buscan saber cual es su destino. Actúan dentro de lo dramático esperando el momento de que comience la tragedia. Una tragedia donde esperan su expiación.
     La dirección de la obra estuvo a cargo del estudiante de la RESAD Diego Domínguez por el taller de cuarto año de la especialidad de dirección. La puesta en escena, plagada de efectos que buscaban el deslumbramiento del espectador, rozó en todo momento la ambición de demostrar lo aprendido. Olvidando que la imaginación del espectador es algo fundamental para la comunión -para el rito- que se debe de producir dentro del teatro. Así la puesta en escena careció de lo más esperado: un ritmo constante de principio a fin que movilizara al espectador.
     La dirección de actores fue uno de los puntos más altos, pero que se vio limitado por el uso de micrófonos que se acoplaban y producían ruidos no previstos, quitándoles libertad y comodidad dentro de la función. El sonido, trabajado únicamente desde el punto de vista de la dirección, falló en la musicalidad del conjunto del espectáculo. De esta forma el ritmo que debía de mantener en pie las dos historias se vio dificultado, produciendo un rápido agotamiento de los recursos, que concluyo con el decaimiento del resultado final.
     HvsM en su búsqueda del paralelismo y la unión de estas dos grandes figuras del teatro mundial de todos los tiempos, Hamlet y Medea, arrastró consigo una discusión que durante mucho tiempo ha estado presente en el teatro y que no es otra qué para quien se hacen obras: para entendidos o para público común. Muchas de las ficciones que se vivieron en escena se enriquecían con el conocimiento previó de los textos, pero la duda es ¿Funcionaría fuera de un ambiente de pedagogía teatral?
     Quizás lo que le falto a este montaje fue humildad para confiar en una buena historia, quizás se esperaba demasiado de figuras como Hamlet y Medea o quizás siempre se espera algo de los estudiantes que estos nunca alcanzaran, pero sin duda lo que esperamos cada vez que vamos al teatro es sentirnos participes de una acción y que esta nos mueva. 

P. Ugrumov


En nuestra memoria




In memorian. De: Cecilia Guelfi y Alejando R. Sánchez. Dirección: Romina Medina y Aristeo Mora. Elenco: Cristián Vázquez, Alejandro Domínguez, Miguel Sepúlveda, Jesús Melen, Guille de los Santos, Paula Ruiz, Beatriz Fernández, Irene Serrano y Marta Naharro.Escenografía: Pilar Peñalosa. Iluminación: Maite Agorreta. RESAD. Sala Valle-Inclan. 29 de Noviembre 2011.

Un velorio donde ninguno de los presentes conoce al muerto, pero todos tienen la obligación de estar ahí. Con este marco los dramaturgos Cecilia Guelfi y Alejandro R. Sánchez abordan un complicado tema del que salen airosos gracias al ritmo, la hilaridad e incluso a los momentos poéticos que resplandecen en distintos lugares del texto.  
     Al entrar vemos que el espacio ha sido modificado. Algunas mesas y lamparillas se esparcen por el lugar. Estamos en un café concert o un teatro de variedades, vemos a los actores vestidos entre toques circenses, intentando aprenderse un papel y entender sus intenciones. Escuchamos a un prologuista que nos narra una graciosa historia que nos hace el momento más ameno mientras nos sentamos. La propuesta del espacio es agradable. La cuarta pared nunca se produjo. La metateatralidad: Una representación dentro de la representación, nace desde el primer minuto y se construye en distintos espacios repartidos por la sala. Desde este importante efecto se desarrolla la correcta dirección de Romina Medina y de Aristeo Mora, y que nos lleva del personaje al actor en distintos y logrados momentos claves de la obra.
     La dirección y el elenco pareciera que se entendieron de inmediato y de un modo adecuado. Las actuaciones correctas y sólo forzadas en unos pocos momentos no afectaron en demasía el tono general del montaje.
       La escenografía, sin embargo, fue el mayor acierto. Un espacio que en el papel parece frío –un velatorio- lo transformaron en algo festivo. El decorado, como por ejemplo un ataúd, lo dotaron del extrañamiento necesario que nos prohibió entrar en el psicologuismo de los personajes o en la veracidad de la acción. Concibieron tanto el patio de butacas como el escenario como un único espacio, entregándonos esa sensación de que nosotros también somos cómplices del engaño que se desarrolla en la trama de la obra.
     Por lo tanto, “In Memorian” es una obra que se mantiene erguida en todo momento conquistando nuestra atención. Conduciéndonos por un agradable camino que nos señala nuestro comportamiento, nuestro mundo, el teatro, y todo el juego que hay en el.

P. Ugrumov

domingo, 11 de marzo de 2012

ENRIQUE DÍEZ CANEDO. Nota biográfica


Enrique Díez Canedo (Badajoz, 7 de enero de 1879 – México, 7 de junio de 1944) fue un poeta postmodernista, traductor, crítico teatral y literario. Fue embajador en Uruguay y en Argentina.
Desde muy joven dedicó su atención al teatro: sus primeros artículos de crítica teatral aparecieron en El Globo, de Madrid, en 1908. Al fundarse en 1915 la revista España, y hasta su desaparición en 1924, trabajó para esta adoptando en seudónimo de “Critilo”, al mismo tiempo que, con su propia firma, respondía por la crítica literaria. Posteriormente continuó la doble labor como redactor de El Sol hasta 1933, y la de crítico teatral en La Voz de 1934 a 1936. Por esta razón asistió al estreno de la mayor parte de las obras de autores dramáticos que fueron contemporáneos suyo y también a las reposiciones.
En América colaboró para La Nación de Buenos Aires y El Universal de México, principalmente. Al concluir la guerra civil, siguió ejerciendo la crítica teatral desde México y en otras universidades, mexicanas y norteamericanas, tuvo también a su cargo cursos sobre el teatro español.


Enrique Díez-Canedo


José María Fernández Gutiérrez
Facultad de Letras (U.R.V.) Tarragona


j o s é Luis Martínez

Ex Director de la academia de la lengua española de México

José María Fernández Gutiérrez
Universidad Rovira i Virgili de Tarragona



ENRIQUE DÍEZ CANEDO. Sobre la Crítica.



Referencia al valor que posee la crítica. Articulo publicado al poco tiempo de morir su colega Enrique de Mesa.
“La critica teatral sigue al día las novedades ofrecidas por el cartel. Los periódicos le dan un puesto en sus comentarios de actualidad porque el hecho, el espectáculo, lleva a primer término la obra del autor, sea cual fuere su mérito, en día determinado… ahora bien, por su rapidez misma, como lo requiere la confección y reparto de la hoja diaria, la crítica teatral es, en sentir de muchos, inadecuada para salir de las columnas en que apareció y ordenarse en los pliegos de un libro. ¿Cómo va a durar más de un día lo que se escribió en la alta noche para estar impreso al amanecer…? Sí; la crítica teatral, hecha al día, puede vivir cuando expresa no ya una verdad absoluta o un juicio infalible, cosas ambas no siempre concedidas ni aun a la reflexión más serena, sino cuando, ejercida por quien posee cabal preparación y costumbre de estar en el teatro, expresa un parecer, enfoca una cuestión con sinceridad y lo declara sin miedo a herir vanidades. Si además el crítico de teatro sabe escribir y el cuerpo mismo que reviste su juicio y opinión tiene gallardía y gracia suficientes para vivir su propio jugo, la colección de sus fallos constituirá, a más de un testimonio, siempre apreciable, de una doctrina, provechosa y deleitable lectura… Lo improvisado, en quien con tales garantías trabaja, se reduce tan considerablemente, que toca a la pura forma. Todas las exigencias y todas las severidades, todas las rudezas y todas las ironías del crítico, son como una ofrenda a ese más alto ideal de perfección que sueña para el teatro de España, persuadido de la virtud contenida en nuestra comedia clásica y en nuestro drama romántico, que propone como dechados eternos, sin confundirlos con sus imitaciones ni reclamar en el descendiente el espíritu ancestral, pero anheloso de reconocer en el hilo las facciones del padre; sin confinar tampoco en un nacionalismo sin amplitud su concepto actual del teatro; sin deslumbrarse ante la obra extranjera como un advenedizo, ni negarla como un paleto”.


ENRIQUE DÍEZ CANEDO. Críticas.


1.- Jacinto Benavente y el teatro desde los comienzos de siglo.
Criticas: Benito Pérez Galdós: Electra.
Jacinto Benavente: Memoria de un Madrileño.

2.- El Teatro Poético.
Crítica: Eduardo Marquina: Teresa de Jesús.

3.- El Teatro Cómico.
Critica: Carlos Arniches: Vivir de ilusiones.
Con raíces en la picaresca, y sin haber perdido contacto con el “genero chico”, los dramas grotescos de Arniches llevan, como ha resumido el crítico Fernández Almagro, “a la creación por arbitrariedad; a la emoción por la pista extraña de un burla-burlado de gran linaje: camino magnifico por el que rusos e italianos han traído y llevado lo grotesco, como signo de un moderno concepto del mundo y de la vida. No es una vaga y sencilla relación de tema la que nos lleva a pensar, por ejemplo, en Andreief y su Hombre que aguanta bofetadas, esa sorprendente tragedia grotesca de Arniches, Es mi hombre, que no es la única de su autor gracias a la cual se establece un contacto insospechable entre nuestro teatro y determinadas direcciones de la literatura dramática extranjera. Es curioso que marque esta relación un autor tan castizo como Arniches. Castizo y universal en su última raíz imprevista: no cabe mayor transfiguración del sainete”.

4.- La Tradición Inmediata.
Crítica: Enrique Suárez de Deza: La dama salvaje.

5.- Elementos de la Renovación Teatral
Crítica: Miguel de Unamuno: Fedra.
Fedra, representada en Madrid, casi privadamente primero, 1917, y luego ante el público general, en 1924, es, con las palabras del autor “una modernización de la de Eurípides o, mejor dicho, el mismo argumento de ella, sólo que con personajes de hoy en día, y cristianos, por lo tanto, lo que la hace muy otra”. En cuanto a su escenificación, añade: “Esta Fedra puede representarse con la misma escena para los tres actos, consistiendo en una limpia sábana blanca de fondo –que simboliza un cuarto- una mesa de respeto y tres sillas, para que puedan sentarse, si lo creen alguna vez de efecto, los actores, y vestidos éstos con su traje ordinario de calle”. Unamuno no ve el teatro como cuadro; sus personajes pueden hablar en la oscuridad y eso le entrega muchas herramientas a un director avisado.
Ramón del Valle-Inclán: El embrujado.
Ramón Gómez de la Serna: Medios seres.
Federico García Lorca: Yerma.

ENRIQUE DÍEZ CANEDO. Teatro Impreso.

“A la página impresa tiene que acogerse el teatro si quiere vivir…”
Enrique Díez Canedo.

ENRIQUE DÍEZ CANEDO. ArtÍculo Primer Acto.




miércoles, 25 de mayo de 2011

¡Viva Madrid!


Mayo en Madrid, fiesta de San Isidro, y no entiendo nada de lo que dicen.

Chulapa, verbena, garito, chapar…

¡Vaya palabras!

A saber que significa esto. Pero bueno, intentemos entender: cultura castiza + Religión = Día de fiesta. Desde este punto comienza a interesarme.

En fin, un día en que la gente se distrae, un día de tradición en el que se le inculca a los niños y niñas ir disfrazados al cole.

¡Todo muy bonito! ¡Todos muy contentos!

Un día especial con calor y en el que se celebra la vida de un santo. San Isidro, el santo de la lluvia… y ahora que comienza el calor.

¡Vaya ciudad, nunca se colocarán de acuerdo!

Pero en fin, que más podemos pedir si estamos en una ciudad en que nadie es de aquí. Incluso puedo llegar a imaginar que la designación de éste santo como patrono no fue más que una decisión arbitraría de algún miembro de la iglesia Católica regida desde Roma o de cualquier otra parte.

¡Madrid no es de nadie, señores!

Los gatos no existen, salvo en los tejados de las pocas casas que quedan dispersas por la ciudad. Conocer a cualquier persona que haya nacido aquí es un lujo, un hecho precioso que se debe de guardar en la memoria y en el corazón.

Y todas estas palabras ¿De dónde salieron?

Gente ociosa, gente que en su afán de entenderse inventó un lenguaje propio de la ciudad y que no le pertenece a nadie. No puedo dejar de señalar, que por esta y por otras muchas razones, éste lugar es fascinante

¡Viva Madrid!

Madrid, ciudad de chalupas, verbenas, de majos, de tercios, de garitos chapados y de botellón. Ciudad capital de España. Lugar donde todo el mundo se puede sentir en casa y donde siempre existe algún colega con quien disfrutar un rico calimocho...

Y pim, pam, pun.

P. Ugrumov

jueves, 5 de mayo de 2011

Un final distinto


Tengo frío, tengo miedo y tú ya no estas aquí…

Tus llaves quedaron en la mesa y atrás quedó lo que había sido una vida entre tú y yo. Atrás quedaron miles de ideas que no se cumplieron. Atrás quedaron, junto a mi horrible figura, un mundo de caricias que día a día construimos y que ahora nos negamos.

Fue un día de verano. Estábamos en la playa, el mediterráneo nos acompañaba y nosotros, como un par de tontos, nos mirábamos fijamente a los ojos. Nos habíamos comidos unos helados. Tomábamos el sol sin precaución. La arena se introducía por nuestras ropas. Tus labios estaban fríos y tu cuerpo caliente. No sé si fue esa mezcla, pero de mi boca aparecieron palabras que marcaron nuestra época: “Podemos hacer todo lo que queramos”, dije sin medir consecuencias.

Y lo hicimos. Creamos mundos a granel. Hablábamos y las letras se pegaban sin darnos cuenta en hojas vacías. Bailamos y el cuerpo nos daba vida. Hicimos cosas espectaculares cuando nadie aun podía hacerlas. Así fuimos conociéndonos y de cierto modo nos hicimos más adultos.

Ese día no nos casamos, pero un lazo más fuerte que un anillo nos mantuvo juntos. Sin embargo esto no era más que otra historia de amor y eso lo veo ahora en tu rostro. Si hubiese entendido esto antes, no estarías ahí. Si hubiera comprendido que nosotros no teníamos nada de diferentes, no habría tenido que hacer esto. Nunca debí pensar que lo de nosotros era para siempre. No debí forzarte. Pero lo hice.

Hace dos días saliste por la puerta dejando las llaves sobre la mesa. Dos noches que no descanso en nuestra cama. Y en lo único que pienso ahora es en mentirte como cuando estábamos juntos. Deseo decirte que todo ira bien. Que lo superaremos...

-¿Me arrepiento?-

Tengo frío, tengo miedo y tú no estas aquí Una mancha roja rodea tu cuerpo. Estas tirada en esa calle alejada del centro. Pero debo caminar. No me puedo detener. Si lo hago me acusarás de que todo esto es un engaño. Lo siento, en realidad lo lamento, no quise dañarte, no quise darte “castillos en el aire”, no quise hacerte creer que podíamos ser buenos. No lo somos y no lo soy. Me gustaría que este final fuese distinto, pero tú estás en esa calle y yo continúo huyendo.

P. Ugrumov

jueves, 24 de marzo de 2011

Amor y odio


¿Cómo puedo odiar y amar a la vez a este organismo rugoso? Palabras que se forman, sueños que destruyes. Reconciliación y mentiras. Todas estas se forman en tu interior y construyes al hombre a tu imagen y semejanza.

Un Dios del que aparecen distintos sonidos que nos prohíbe comunicarnos. Nos influye el odio y nos confunde con la dulzura del amor. Eres la bella mujer de rápidos movimientos. Y espero que esos dientes te encierren de por vida ¿Pero qué haría si no existieses? ¿De dónde vendría la música si no pudieras escapar? No te he dejado y ya te extraño. Hablaré contigo, hablaré dentro de un canto, hablaré con distintos sonidos buscando tu amargo sabor del perdón.

Te puedo decir que te amo o que te odio, pero no que te he olvidado. Esa es la única forma que conozco para crear el misterioso acto de recordar con el gusto: La deliciosa y ácida manzana.

Lengua afilada, lengua bípeda, lengua materna. Mecanismo de destrucción masiva y gran forma para amar.

¡Tengan cuidado y no lo olviden: La lengua no muerde!



P. Ugrumov


miércoles, 23 de febrero de 2011

La suerte de Doce más uno



El próximo día 24 de Febrero, en la sala B de la Real Escuela Superior de Arte Dramático se estrenará la obra Doce más uno escrita por Javier Pastor. Esta hilarante comedia nos mostrará las dos caras de la fortuna y como esta golpea una y otra vez a sus personajes.

“La buena ni la mala suerte existen. Es solo una cuestión de actitud ante la vida”, apunta el dramaturgo. “Así el noventa por ciento de lo que nos sucede depende exclusivamente de nuestras decisiones. Y esto determina en mayor o menor medida como va a ser nuestra vida de afortunada o desdichada”, concluye Pastor.

Bien es sabido que se necesita mucha virtud para sostener la buena suerte y alejar la mala. Sin olvidar, la valentía de afrontar la vida con una sonrisa; así la moraleja del vaso medio lleno o medio vacío se presenta ante nosotros a cargo de este dramaturgo y de su propuesta escénica que gira en torno al mundo del comic como hilo conductor del montaje tanto en escenografía, iluminación y estilo interpretativo.

Un teatro para divertir

“El hacer comedia significa estar muy atento a un aspecto claro: el ritmo”, afirma Pastor. “Algunas escenas han supuesto muchos quebraderos de cabeza, ya que para conseguir ciertos efectos cómicos he tenido que trabajar casi desde el rigor de una coreografía”, añade el dramaturgo.

Doce más uno gravita dentro de un sorprendente mundo donde la acción y el cuerpo se vuelven fundamentales. Los juegos de palabras, la caricaturización de los personajes y la síntesis estética conforman el espacio creado en esta ocasión por Javier Pastor y con el que espera que pasemos un momento agradable.

“Diversión: es la palabra que define el montaje”, concluye Pastor. Y esto es lo que nos encontraremos en la sala B (García Lorca) el último día del ciclo de Muestra de Piezas Breves de los alumnos de 4º de dramaturgia.


P. Ugrumov

jueves, 17 de febrero de 2011

Escuchemos la tierra



La RESAD en su ciclo de muestra de piezas breves presentará el viernes 18 de Febrero a las 12.00 hrs, en la sala B, la obra Susurros de la tierra de Alejandra Venturini. En este montaje la joven dramaturga y directora nos revelará la vida de una familia, en pleno proceso de dictadura, que intenta encontrar a un pariente tras su detención a manos del poder.

“La obra es, sin duda, una tragedia”, señala Alejandra. “Y aunque mi proyecto es de un gran compromiso político, no tengo la intención de adoctrinar a nadie”, afirma la dramaturga.

El llamado en esta oportunidad es a no olvidar la memoria, que a fin de cuentas es nuestra historia. Así, en Susurros de la tierra nos adentramos en el tema de los detenidos desaparecidos y a la problemática de las fosas comunes. Una situación que nunca más puede ocurrir y que da pie al montaje.

Tragedia y poesía

Un texto cercano a la poesía de Lorca, tanto en lo formal como en el contenido y una puesta en escena comprometida con el pasado, es lo que nos propone Alejandra en esta ocasión. “Es un tema delicado y lo he realizado, sin duda, con el mayor respeto”, apunta la dramaturga.

En el montaje el espacio sonoro y la iluminación son fundamentales. Estos crean lugares y ayudan a construir el estado anímico de los personajes. “Se trata de una puesta en escena simbólica donde los elementos se mueven dentro del espacio según se avanza en el conflicto”, afirma Alejandra, “Hemos trabajado con los objetos y la escenografía intentando unificarlos desde el comienzo. Es decir, escenografía, actores y objetos tienen una presencia en el espacio que resignifican el sentido de la obra”, sentencia la directora.

“La finalidad de mi montaje es abrir el debate, levantar los muros que impone el silencio y el miedo”, concluye la dramaturga. En si, un montaje que presenta la difícil relación de unos y otros. Y con esto, lo que nunca debemos olvidar, el respeto hacia el prójimo.

P. Ugrumov