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viernes, 22 de junio de 2012

Demasiado dolor



Tom Pain (una obra basada en nada) De: Will Eno. Director: Alberto Villarreal. Elenco: Gerardo Trejoluna. Sala Pradillo.


El dramaturgo Will Eno, originario de Brooklyn es considerado por algunos críticos y especialistas como el Beckett de nuestro tiempo. Muy representado en Londres y Nueva York, sus textos no tienen mucho protagonismo en la cartelera madrileña, sin embrago en la sala Pradillo pudimos degustar una de sus piezas de la mano de la compañía mexicana  Entrepiernas. 
     Tom pain (una obra basada en nada) es una experiencia teatral. Un solo actor Gerardo Trejoluna,  nos cuenta tres historias en primera persona que son recuerdo y trauma que se entrelazan e interrumpen. Largos  silencios, provocación, miradas.  La cuarta pared no existe, él nos habla directamente a los ojos  con sinceridad, nos pregunta. En un acto de entrega absoluta, confiesa  esas cosas difíciles, encalladas en la memoria. Sin embargo todo es ilusión, el actor interpreta un texto, no habla de su propia vida aunque lo parezca. La propuesta tiene halos de performance, de vivencia, de teatro pos dramático, pero es un drama.
     En la escena desnuda un gran bloque rectangular de hielo es el único elemento escenográfico. Va derritiéndose durante  la hora y diez de representación. Mientras nos cuenta fragmentos de la historia Trejoluna interactúa con el hielo. Se sienta sobre él, lo lame, lo plancha, lo rompe e incluso hace equilibrio sobre ese bloque  de altura considerable. Provoca  inquietud en el espectador, transmite la sensación de peligro. Es un elemento que funciona como metáfora de la fragilidad del personaje, un ser vivo que se va desintegrando y cuyas aristas cortantes se desparraman por todo el escenario cuando Gerardo los golpea con una maza.
     Trejoluna no necesita más, su presencia y aplomo en la escena denotan su larga  experiencia. El trabajo corporal y la capacidad para soportar el dolor, son sorprendentes. Sus pies descalzos se mantienen sobre le hielo casi toda la obra.
      A medida que esta avanza el absurdo se apodera de la escena. Se desafía a dos personas del público a salir al escenario con la promesa de una acción que no se cumple. Los voluntarios se quedan en el escenario cuando Trejoluna se va. Nos quedamos esperando algo, que es nada. Sin aplausos, sin indicaciones, los voluntarios vuelven a sus asientos y el público comienza levantarse poco a poco para dirigirse a la salida con una sensación extraña.
Éramos pocos, apenas llenábamos las primeras dos filas de las cien butacas de la sala. Ese petit comité de privilegiados aquella noche disfrutamos del encuentro. Descongelamos algunos de los prejuicios acerca de lo que sí y lo que no debe hacerse en el teatro. Probamos un bocado de vivencia y nos quedamos  muy satisfechos de ser desafiados a presenciar el dolor por más incómodo que sea.

Ángel de Aza

Tweeter “Hamlet vs Medea”



Los creadores de Hamlet vs Medea hacen uso de dos nombres, iconos de la literatura dramática para hablar de las disfuncionales relaciones familiares. Ecléctica propuesta que resulta muy formal y desangelada.



Nuevos espacios para un teatro tierno




Moscas y milagritosCreación y elenco: Carlos Alcalde, Efraín Rodríguez, Karina Moscol, Laura Rojas Godoy,  Lourdes Martínez Downing, Nerea Rodríguez. Iluminación: Gustavo Huerta. Vestuario: Marcelo Galván. The HUB Madrid. 

La compañia peruana Entrecalles lleva haciendo la obra Moscas y Milagritos por diversas salas y festivales a lo largo de más de dos años. En esta ocasión nos convoca en el singular espacio The HUB Madrid. Este es un sitio de intercambio cultural que abarca muchas áreas de conocimiento y ahora abre también sus puertas al teatro. La sala se acondiciona para el rito de una manera bastante efectiva, aunque no está provista de luces ni de recursos básicos. Que la práctica teatral inunde nuevos espacios, acerca a un sector  nuevo de espectadores y refresca este arte.
     La obra de apróximadamente dos horas de duración, tiene una estructura segmentada de escenas cortas, que pretende ser un reflejo de la vida en los sectores más marginales de sudamérica, (no se especifica dónde sucede la acción). Los siete actores, entre los cuales se encuentra el director, representan un veintena de personajes: las niñas vendedoras de rosas, los ladrones, un mendigo, una vecina loca, una mujer embarazada, los malandros, camellos, proxenetas, prostitutas, un muerto etc... Todos se encuentran en un patio de un conventillo que deviene en diversos exteriores. Las historias se suceden, pero el hilo o más bien los flecos argumentales se pierden. Algunas historias no un tienen desarrollo completo y hay escenas comodín cuya única funcion es dar tiempo a que los actores se cambien.
     El espacio, dispuesto como un cuadrilátero, convierte al público en decorado, relleno o víctima de algún actor, que utiliza este recurso de participación reiteradamente. El público puede ver el hecho teatral y sus hilos ya que en una suerte de metateatralidad, vemos a los actores cambiarse para encarnar otros persoanjes.
Los actores trabajaban distintos acentos regionales, un lenguaje muy lejano que no se entiende sino se acompaña de una acción clara que nos ayude a comprender el sentido de la trama. En lo que concierne a la  interpetación, puramente gestual, Karina Moscol y Lourdes Martínez nos deleitaron con composiciones muy afortunadas, arrancado la risa del público en varias ocasiones.
     Esta compañia hace un teatro “a pulmón” al estilo independiente latinoamericano, a pesar de que ellos residen todos en Madrid. Esto se traduce en procesos de ensayos muy accidentados e insuficientes, creación colectiva, trabajo no remunerado etc... Actores y director se sumergen en esta aventura de hacer teatro por vocación quebrando las imposibilidades y los límites de las salas convencionales. El resultado es tierno y valiente aunque a veces se vean demasiado las carencias.

Maratón de sueños en forma de letra. La búsqueda de visibilidad de los nuevos dramaturgos.




Sueños, perversiones, recuerdos, encuentros, descargos y otros muchos fueron los temas que formaron parte de la  Primer maratón de lecturas dramatizadas de estudiantes de dramaturgia y dramaturgos egresados de la RESAD el pasado miércoles 29 de junio en la sala Guindalera de Madrid. La iniciativa llevada a cabo por Manuel Benito junto a la colaboración de Javier Hernando Herráez, tuvo una acogida cálida y entusiasta por parte del público, que a veces tomaba el espacio escénico para realizar le lectura de uno u otro personaje de las obras. Los limpios cambios entre escenas y las sencillas pero acertadas propuestas de lectura daban la sensación de estar presenciando un montaje perfectamente aceitado, sin embargo la improvisación  fue el ingrediente principal de esta fresca propuesta  que duró desde las 18 horas hasta casi la medianoche. Así entre risas y reflexiones se sortearon las dificultades provocadas por el fuerte aire acondicionado en contraste con las altas temperaturas exteriores, que fueron causa de  deserciones y algún desmayo.
     La maratón se dividió en cuatro bloques de aproximadamente una hora,  constituidos por piezas de distinta de duración. La velada fue amenizada por la presentación del actor y estudiante de dirección José Gómez, partícipe a su vez de varias lecturas.
    El primer bloque comenzó con la lectura de La madre de Felipe Vera; un monólogo interpretado por el mismo autor en el que vacía su alma en la última conversación con la dictadora Avelina. A continuación La noche de los feos de Angie Martin, nos habla del encuentro de dos personas que deben enterrar sus cicatrices para poder unirse. Underwear de Juan Ríos nos sumerge en el mundo una Lolita internauta y sus conflictivas relaciones. La risa vine de la mano de Vendido de Pedro Entrena; la escena de una ambigua relación entre un adulto y un niño que deben despedirse por intereses aparentemente externos. Y por último Fondue de María Velasco con los ingeniosos monólogos culinarios de un hombre y una mujer que se amaron.
     El segundo bloque se tiñe de comedia de la mano de María Montenegro y su obra El cisne, Un pequeño extracto de la obra verano de Manuel Serén cuyo ácido humor provocó la hilaridad del público y Maharrutxi de Paloma Arroyo.
     En el tercer bloque Un Cazador de Javier Hernando Herráez nos remueve con la lectura performática y vertiginosa de un cazador despiadado y Rocío Bello nos presenta en atriles Cave Canem, una inquietante tragedia cristiana vestida de blanco. La representación no llegó a su fin por causa del desmayo de una de las actrices en escena.
     El cuarto y último bloque de lecturas comienza con la propuesta realista de Rosalía Martínez; La Fiesta trata del empecinamiento de una niña de festejar un cumpleaños aunque todo  a su alrededor se venga abajo, y por último Manuel Benito homenajea al humor español con La suerte, igual que viene…, una disparatada comedia con innumerables personajes que abarcaban la totalidad del escenario de la Guindalera.
     Así finalizó esta bonita experiencia, obra de los precursores Benito-Herráez, que se espera se convierta en una modalidad fija para dar visibilidad a los nuevos dramaturgos en Madrid. 
     Cabe destacar la no participación de los profesores y directivos de la RESAD, siempre tan dispuestos a apoyar las iniciativas de los alumnos en alma pero no en cuerpo presente, exceptuando al joven José Cruz que incluso participó de una de las lecturas.


Ángel de Aza

Desnudarse en escena



Un hueco. Creación: Aramburu/ Cano/ Gómez / Hener. Dirección: Pablo Osuna. Elenco: Jesús Gago, José Gómez, Alejandro Leonardo. Sala Kubik Fabrik. Madrid.


Es más posible que un grupo de colegas españoles tiendan a velar sus angustias tras las unas cañas, que a purgarlas mediante la exposición de sus sentimientos en una reunión amistosa. Es una de las diferencias con el carácter del hombre argentino, tan propenso a desnudar sus intimidades en larguísimas charlas con amigos. Como todas las cosas, se refleja en el teatro, en las tramas y en la  manera de ejecutarlas.
     Un hueco es una creación colectiva representada por tres actores-autores y dirigida por el director-autor Pablo Gómez, en los vestuarios del club Maldonado de Palermo. Unos de esos espacios, con aire a familia y asado, que parece haberse quedado en el tiempo, olvidado en el centro del barrio más top de Buenos Aires. La obra ha tenido mucho éxito durante tres años y ha participado de importantes festivales internacionales como Santiago a Mil.
     Su versión española dirigida por Pablo Osuna, ha sido puesta en escena en los camerinos  la sala Kubik Fabrik de Madrid con actores españoles, dos de ellos (José Gómez y Jesús Gago) egresados de la RESAD. La singular elección del espacio remite a buscar un paralelismo con esos vestuarios del club de la obra original. Crea una atmósfera de naturalidad extrema que nos convierte inmediatamente en voyeaurs. La pieza cuenta la historia de tres amigos atrincherados en este sitio reducido. Afuera, el velorio del cuarto amigo que los reúne. En este espacio limitado, bajo la presión de un exterior aludido lleno de gente, explotan las angustias de sus frustraciones personales. Los personajes transitan durante aproximadamente una hora por una secuencia de intensos estados emocionales. El espacio se convierte pues, en el actor principal, que condiciona, oprime y es metáfora del encierro interior de los personajes.
     Uno de ellos (Gago), vive en Madrid, los otros dos se han quedado en el pueblo de la infancia, un lugar en el que el tiempo está estancado y las rutinas se apoderan de todo.
Tiene fobia de salir y enfrentar la muerte, los del pueblo sin embargo la tienen interiorizada. No hay más. La importancia de la pieza descansa en la relación amistosa de esos tres hombres entre recuerdos, tabaco y alcohol. La situación que los convoca. El vínculo, la estrecha complicidad, el rencuentro, y sus consecuencias.
     El viaje interpretativo no tiene medias tintas, se trata de arrojarse de cabeza a vivir la situación, sin actuar. He aquí la gran dificultad. Los códigos se friccionan, y si bien los actores realizan un trabajo excelente, aún no han llegado al fondo del hueco. El público situado en el mismo camerino, establece una relación muy íntima con los ellos, se puede oler el sudor, sentir el dolor o ser  salpicado por el agua de sus vasos. Y con la misma intensidad se espía la intermitente verdad de sus actuaciones.
     El desafío de estos actores es doble, deben lidiar con un tipo de interpretación actoral que requiere entrega ciega y con unas relaciones cuyo entramado abunda en modos y costumbres que remiten a un carácter muy local, cuyo hábito de mostrar la desnudez del alma está más entrenado. La obra está dotada de momentos hilarantes que, por ende, se quedan todavía un poco tibios por su ejecución.
     Tengamos en cuenta que la iluminación depende en ocasiones del leve rayo que entra por tragaluz del techo del camerino y en otras de un fluorescente blanco, crudo y duro. No hay ayudas para el intérprete, no hay escenografía, sólo se tienen los unos a los otros, vestidos de trajes neutros.
     El resultado es bueno, el público sale encantado ante esta experiencia que es como un regalo, percibe la belleza de ver un trabajo de actor en estado puro, un verdadero ritual, aunque a mi ver todavía hay que atreverse a sacarse también la ropa interior del alma.

Mitos reciclados





Hamlet versus Medea. De: María Velasco. Dirección: Diego Domínguez. Elenco: · Yayo Cáceres · Nuria de Luna · Richard Collins Moore · Sol López · Jorge Mayor · Paula Ruiz López · Elena Lombao · Sergio Milán. Escenografía: Miguel Ruz. Iluminación: Juanjo Llorens. Figurinismo: Patricia Novillo-Fretrell. Diseño Sonido: Luis López Segovia. Director Musical: Miguel Magdalena. Coreografía: Maryluz Arcas. Sala Valle Inclán. RESAD.

Los nuevos lenguajes llamados desde ya hace unos años posdramáticos aunque esta acepción sea tan diversa como incierta, hacen uso de la intertextualidad, la cita, la referencia, lo personal y lo poético.
     La  palabra se articula ingeniosamente de manera que cuando atisba a elevarse es rápidamente derribada por un zarpazo grosero. La pieza resulta sarcástica y ácidamente cómica. Un texto cargado de referencias contemporáneas en boca de unos personajes más psicológicos que míticos. Y es que si aceptamos que todo trauma radica en las disfuncionales  relaciones familiares, es lógico que se nos dibuje un Hamlet confuso, lleno de complejos no resueltos con su madre, que transcurre torpe e infelizmente por las aristas de la obra y una Medea desarraigada y animalizada que ruega amor ante un Jasón cruel y distante.
     Diego Domínguez presenta una  puesta en escena  sobria y elegante, fría en oposición a la visceralidad de la palabra. Las tramas por parejas; Hamlet-Gertrudis, Medea-Jasón, transcurren independientes y simultáneas. Entre diálogos, cada protagonista habla de sí mismo en tercera persona en unos extensos monólogos mejor resueltos por ellas que por ellos. La luz acompaña delicadamente la obra, el marco es impecable, recordemos que este novel director lleva más de quince años en los escenarios como técnico de luces y sonido. Los elementos escenográficos entran y salen de la mano de dos personajes-tramoyistas que mutan en camareros, carceleros e incluso en unos extraños seres clownescos que se integran a la situación según se requiere; hombre y mujer que ejecutan todos los nexos de entre escenas sí. Una escenografía llana que dibuja diferentes alturas y espacios. Un restaurante, una cama, un interrogatorio bajo una lámpara móvil, un hospital o manicomio, un baño etc… un juego de creación de  espacios metonímicos.  El vestuario es ligero y sugerente, sedas y gasas en mujeres semidesnudas, sedas y piel.
     Los singulares momentos musicales, compuestos por piano violín y bandoneón ejecutados por los mismos actores y las voces exquisitas de Richard Collins Moore en el papel de demiurgo y  Paula Ruiz López; Ofelia,  resultan refrescantes y oníricos.
     Domínguez intenta asegurarse el tiro  rodeándose  de un grupo de profesionales de primera calidad, pero como ocurre en el fútbol, cuando todos son delanteros se cae la defensa  y es que las actuaciones son de tan distinto calibre que resultan  desafortunadas para la totalidad obra y para la recepción del espectador al que no le  pasa desapercibida la heterogénea calidad artística de los representantes. Sol López, en el papel de Gertrudis,  acierta con el ritmo del monólogo y todas sus réplicas brillan desprendiendo la risa para goce del público. El humor sembrado en todo el texto no es del todo cosechado por los intérpretes. Yayo Cáceres (director de Ron Lalá), en el papel de Hamlet, nos sorprende con su presencia fuerte y voz clara. Nuria de Luna se entrega a  un complicado papel de Medea de barranquillas ante un Jasón (Jorge Mayor) atractivo y menos expresivo. Algunos problemas de dicción  a pesar de los micros nos hacen reflexionar acerca de ventaja real de usarlos. ¿No están preparados los actores para vocalizar y proyectar la voz en un teatro perfectamente equipado para esto? Seguramente para Domínguez también es una propuesta estética el uso de micrófonos,  sin embargo me pregunto acerca de la ventaja o desventaja de los mismos. Definitivamente queremos escuchar y apreciar el texto, tan relevante en la obra, pero como dice Hamlet “No hagamos un drama de todo esto”.
                                                                                                                     

Historias mínimas, grandes escenas


Historias Mínimas. De: Javier Tomeo. Dirección: alumnos tercero de dirección RESAD. Elenco: Jesús Gago, Jorge Quesada, Javier Laorden, Mario Martínez, Luis Seguí, Cristian Torres, entre otros. Sala García Lorca de la RESAD.

Lo bueno si es breve dos veces bueno. Y es que lo corto está de moda. No hay más que observar el fenómeno del “Micro teatro” en el barrio de Malasaña o las estructuras dramatúrgicas fragmentadísimas del director del año Alfredo Sanzol. La inmersión durante horas y horas en oscuras salas de teatro está caduca. Vivimos rápido y queremos teatro express. Quizás por eso Eduardo Vasco se ciñe a la actualidad y elige para las muestras de sus alumnos las Historias Mínimas de Javier Tomeo. Historias de realismo mágico algunas, que rozan el absurdo otras, pero ninguna de más de cinco minutos. Tomeo, cuyas obras han sido más montadas en Francia que en España, ofrece un mundo propio, singular. Estilo sobrio, minimalista. Escritor en un inicio de novelas, desarrolla una interesante y extensísima obra en más de cuarenta años de trayectoria.
     Los alumnos han tenido la difícil tarea de exponer en pocos minutos una idea, un punto de vista de estas pequeñas historias. Las escenas, en su mayoría binomios de personajes fueron resueltas de maneras variopintas.
     Se abre la escena con Barbería de barrio, presenta una situación tensa y extraña a la que José Ramón Gómez da una lectura provocadora y efectiva.
     La corbata presentada por Pedro Casas capta y eleva el aire mágico de Tomeo. Sin llegar literalizar una segunda intención se deja sentir la subrepticia sensación de extraña ficción bajo un manto de supuesta realidad. Casas hila inteligentemente los lenguajes escénicos desenmarañando los tejidos del autor. Consigue una propuesta hilarante y redonda que deja completamente satisfecho al espectador.  
     Un hombre se mata y no muere en El suicidio por Raúl Rodríguez. Es una escena deliciosa que se torna un poco tele novelesca por el enfoque trascendental de la puesta en escena.
Bárbara Ogar realiza una escena estática y pobre en recursos. Heliodoro y Felisa pese a su brevedad resulta extensa.
     El golpe de humor es el gancho de Noé Denia, hábil en la creación de gags. En Vagón de ferrocarril, un médico .que se dirige a ejercer su profesión a un pueblo desconocido, se encuentra durante su viaje en tren con unos habitantes del lugar al que se dirige, que se desvelan preocupantemente inquietantes.
     Rebeka Ruiz Guerrero escenificó Esquina de una calle. Su estilo gestual, parodia la danza y aprieta la interpretación de llevándolos al límite. La propuesta algo grotesca combina movimiento y palabra sin que estos tengan concordancia.
     Un poco más extensa, en relación a las cortas historias de sus compañeros, es la propuesta de Mathilde Rambourg; Encrucijada oscura. Al estilo Beckettiano dos personajes clownescos esperan a un tercero, que nunca llega, para matarlo. Con pocos elementos Mathilde crea imágenes muy sugerentes y resuelve la escena con buen gusto.
     Una vuelta de tuerca le falta a la escena de Manuel Bañez Departamento de Vagón cuyo punto de vista se difumina en la ambigüedad.
     Alberto José de Paz cierra la muestra con Los mariscos y haciendo honor a este nombre, saca a toda una manifestación de gambas con pancartas en una resolución de escena, surrealista y al parecer improvisada.
     Vasco presentó la muestra con un breve y vacuo discurso en el que dio paso a la acción y la misma se cerró con una foto final de actores y directores. Una bonita muestra levemente arruinada por los alumnos-espectadores que van a ver sólo al “amigo” rompiendo la atmósfera con el constante abrir y cerrar de la puerta de sala.


Teatro despierto


Los hijos se han dormido. Texto y dirección: Daniel Veronese. Elenco: Claudio Da Passano, María Figueras, Berta Gagliano, Ana Garibaldi, Fernán Miras, Osmar Núñez, María Onetto, Carlos Portaluppi, Roly Serrano y Marcelo Subiotto. Escenografía: Alberto Negrín. Iluminación: D. Veronese y Sebastian Blutrach. Teatro San Martin.

Chejov escribía, según sus propias declaraciones, “comedias”, pero que se convertían en  profundos dramas al pasar por las manos del director. Aun así, sus piezas  no pararon de montarse asiduamente por compañías de todo el mundo hasta nuestros tiempos. Los conflictos que presenta  son humanos, universales y por ende contemporáneos.
     Hallar la sutilidad del humor,  evidenciar la ironía enclavada en el subtexto, la esencia de la aristocracia rusa, y conseguir plasmarlo ajustadamente en la puesta en escena, es una tarea ardua en la que muchos fracasan. Sin embrago Daniel Veronese, pope del teatro porteño, supera con destreza el desafío, haciéndolo por su supuesto, a su manera. El actor, dramaturgo y titiritero, que empezara su carrera allá por los noventa con sus originales montajes del Periférico de Objetos, se ha ido decantando por la dirección  de escena, natural y exitosamente. Suele tener varias obras simultáneamente en la cartelera de Buenos Aires y el público que acude a verlas sabe que son garantía de calidad. Presenta en esta ocasión en el Complejo Teatral San Martin Los hijos se han dormido. Luego de sus experiencias con versiones sobre Ibsen y Chejov, montajes que participaron de innumerables festivales internacionales, Veronese pone en escena una nueva y libre adaptación de La gaviota de Chejov.

¿Dónde radica su acierto?

     El director omite algunos personajes secundarios, retoca el diálogo, corta soliloquios y párrafos explicativos, pero la trama de la obra original es fácilmente reconocible, con todos sus conflictos. Amores equivocados, incomunicación, pérdidas, historias de personas que parecen deprimentes. El hallazgo sin embargo está en encontrar en estos personajes esa energía vital que a pesar de todo les permite seguir viviendo, y que se traduce en un ritmo ágil y entretenido que traiciona esa idea de atmósfera chejoviana en la que parece que no pasa nada. Veronese evidencia el subtexto de tal forma que las acciones internas de los personajes son vertiginosas, los arcos de los personajes ricos y llenos de matices, los caracteres estridentes. La incomunicación se desprende de esa hiperactividad de los personajes que deviene en un reflejo fiel de la sociedad contemporánea. Hemos de reconocer que el elenco que encarna a estos seres no puede ser mejor, y que el director exprime a cada uno de ellos, siempre apuntando hacia la verdad. La interpretación ahonda en las singularidades de cada personaje, pero el código es homogéneo. Se puede afirmar que ningún actor está mejor que otro y que todos están afinados en la armonía de la obra. No hay artificios ni adornos, no hay caprichos de director. La escenografía es un espacio único con dos puertas y una ventana hacia un lugar aludido, de donde los personajes entran y salen modificados. La iluminación y el vestuario, como en todas las obras de Veronese son sencillos y funcionales. La apuesta del montaje descansa en los actores, en su maravillosa interpretación, y en esa fina mirada de un director que apuesta al teatro por encima de todas las teorías dichas y redichas y que traiciona hasta al autor en pos de que el espectador no se duerma. Y es que, él mismo afirma que si Chejov viviera hoy modificaría el mismo sus textos y seguramente tiene razón.

Teatro para ser leído



                                      
Deseo de ser infierno. De: Zo Brinviyer. Dirección: Antonio Laguna. Sala Valle Inclán. RESAD.


Desde los clásicos el teatro ha apelado a las formas poéticas para ser expresado y desde entonces ha existido el debate de si la puesta en escena es capaz o no de hacer justica a las palabras escritas.
     Las nuevas tendencias de dramaturgos egresados de la RESAD apuntan a un tipo de escritura de alto contenido poético. Extraen personajes que habitan en la conciencia colectiva, los desmiembran y crean situaciones ficticias ahondando en sus más profundas miserias. Textos donde los personajes hablan mucho de sí mismos, de lo que les gusta de lo que no, de sus deseos y frustraciones. Textos que no desean una interpretación realista.
     Zo Brinviyer y su obra El deseo de ser infierno recicla a Billy the Kid y al entorno del western para crear una trama intensa y ultra violenta. Desentierra el infierno personal de los personajes y nos describe el horror con bellas construcciones sintácticas. Sin embargo el horror es el horror y esa es la esencia que se desprende de sus palabras en una suerte de árido y musical ensueño.
   El texto tiene fuerza, pero resulta por momentos ridiculizado debido a algunas interpretaciones excesivamente afectadas. La emoción exacerbada va en detrimento del trabajo de unos actores que se dejan la piel y la ropa, ya que pasan gran parte de la obra desnudos. Una dirección equivocada, abocada una interpretación obvia, poco apropiada.  La conmoción melodramática de la actuación redunda con la retórica de la palabra y ante tanta lágrima y gemido dan ganas de cerrar los ojos para concentrarse sólo en el texto. Los momentos más luminosos aparecen justamente cuando la actuación está desprovista de afectación y se torna más sincera. Se limita a la acción explícita, a lo que sucede. Entonces los hechos atraviesan al espectador y lo conmueven, pero a los largo de más de dos horas de obra estos momentos se desvanecen.
     La escena con recursos simples se divide en tres planos. Un cambio de luz es suficiente para pasar de un internado con cuatro reclusos menores de edad a un exterior donde una mujer viril se desgarra a monólogos. En un plano meta teatral, un Billy músico, mayor (tengamos en cuenta que Billy the Kid murió a los 21 años) funciona como hilo conductor. Deambula por la escena sin ser visto, siempre risueño y superior ante los deplorables estados de ánimos de los demás. La música, que este espectro produce al piano es enérgica y vital. Se contrapone a la pérdida de los vivos. Este contrapunto que intenta aligerar la atmósfera se mantiene hasta el final de la obra. Esta finaliza con unos saludos de pistoleros festivos, inversamente proporcional a los aplausos leves de un público congelado por la ya conocida falta de calefacción de la sala A.
     A pesar de ser un espectáculo plagado de supuesto dolor, trance no hubo, ritual tampoco. Hubo un tiempo en el que la gente no sabía leer y el teatro era una fuente de transmisión de cultura inigualable. Hubo un tiempo en que el teatro era arma de lucha, denuncia, rebelión. Hubo un tiempo en que fue hermoso. Quizás es este un tiempo de preguntarse para qué es este teatro. ¿Es teatro para ser leído?

sábado, 4 de febrero de 2012

CLARÍN ."El solfeo" 1975, "Madrid cómico" 1897, "La ilustración española y americana" 1886





Enlaces a algunos medios donde publicaba Clarín.




CLARÍN ."La crítica y los críticos"


CLARÍN . Estudio crítico a Perez Galdós


CLARÍN. Biografía.




ALAS, LEOPOLDO (Zamora, 1852-Oviedo, 1901). Conocido por el seudónimo de «Clarín», forma con Pérez Galdós la pareja de grandes novelistas españoles del siglo XIX. Comparable a su labor de novelista es la desarrollada como cuentista, y la periodística: crítica, teoría literaria y temas políticos. Vivió en León y en Guadalajara durante la infancia, debido al cargo de Gobernador Civil que su padre desempeñó en esas ciudades; sin embargo, su persona y su obra están entrañablemente asociadas con Asturias, y aún más concretamente con la ciudad de Oviedo, a donde se trasladó en 1865, y donde estudió el bachillerato. Pasó en Madrid casi siete años, de 1871 a 1878, estudiando la carrera de Derecho, en la que se doctoró. En 1883 regreso a Asturias para ocupar en la Universidad la cátedra de Derecho Romano. Cinco años después obtuvo la de Derecho Natural.

Los años madrileños fueron provechosos en cuanto que comenzó a escribir artículos periodísticos, tanto de pensamiento filosófico y religioso, como políticos y literarios. Esta faceta de Clarín, dedicado a explorar las cuestiones sociopolíticas de su época, ha sido olvidada durante mucho tiempo (igual que la actividad paralela de Galdós). Aparte del interés en las cuestiones del día, debe recordarse que Clarín estudió en una Universidad donde los maestros más estimulantes eran los seguidores del filósofo alemán Karl Krause. La gran aportación de estos hombres, especialmente de Francisco Giner de los Ríos, fue reformar la filosofía y la enseñanza en la España del último tercio del siglo pasado. El krausismo influyó en Clarín porque avivó en él una innata inclinación idealista, orientando su vida intelectual hacia la búsqueda de un sentido espiritual y metafísico de la existencia. Clarín fue el heredero de Mariano José de Larra, en cuanto que buscaba, como el escritor romántico, un sentido racional a la vida. Ambos preceden a los modernistas en la preocupación por las formas y en el culto de la belleza.

Para entender a Clarín en cuanto a lo literario, conviene recordar que el interés intelectual, crítico, de origen krausista, da un sentido especial a sus obras; a ello se suman otros elementos de la filosofía de la época, en especial de la corriente positivista, del realismo y del naturalismo. Si el krausismo marcó el horizonte ético e intelectual del escritor, la corriente positivista del realismo y el naturalismo le proporcionó una manera de poner entre paréntesis ciertas parcelas del mundo y de examinar, valiéndose del microscopio naturalista, al ser humano de su tiempo. Las mencionadas corrientes filosófico-literarias le sirvieron de instrumento para la creación literaria, instrumento que, con la excepción de Galdós, supo utilizar en nuestra lengua mejor que nadie. El tono moralista de Alas aparece reforzado por su desengaño ante la sociedad de su época. Intentaba en sus escritos elevar el tono del discurso nacional sobre aspectos que afectaban a España y a sus habitantes, considerando como norte del cambio el ideal krausista de verdad y perfectibilidad humana. Sus artículos periodísticos y su crítica en general llamaron la atención sobre la problemática del país; sus extraordinarias novelas dramatizaron la situación de una nación cuya vida política y social vivía momentos contradictorios de apatía y confusión.

España iba reduciéndose en tamaño, y no sólo geográfico. Al perder las colonias de América, cayó en una anemia espiritual, producida por la carencia de ánimo y de las ideas fertilizantes que la revolución industrial trajo consigo, contribuyendo a transformar las grandes naciones europeas. No olvidemos que Clarín vivió tres acontecimientos dramáticos de la historia española: la revolución liberal de 1868, la Restauración y la pérdida de las últimas colonias, en 1898.

Pasando del trasfondo intelectual del pensamiento de Clarín a su práctica crítica, se observa que fue prolífico escritor y periodista. Sus escritos se caracterizan por una punzante ironía, que se ensañó en cuantos escritores de mal gusto cayeron en sus manos, aunque también supo ensalzar los méritos de quienes lo merecían. Sus críticas de las novelas de Galdós constituyen un auténtico estudio moderno, el primero de los dedicados a don Benito: su talento analítico y su modernidad conceptual sirvieron para elevar la figura del novelista a la categoría de maestro, a la vez que descubrían en él una veta crítico-teórica. En Galdós (1912) se recogió mucho de lo escrito sobre este autor. Es el libro fundacional de la crítica galdosiana. La crítica que podemos adscribir a Clarín es la que dedicó a zaherir el mal gusto y la inepcia artística, mientras que a Leopoldo Alas le atribuiríamos la más seria y reflexiva que dedica a escritores y obras dignos de atención.

La mejor crítica de Clarín se encuentra en Solos de Clarín (1881), La literatura en 1881 (1882; en colaboración con Armando Palacio Valdés), Sermón perdido (1885), Folletos literarios (1886-91), Nueva campaña (1887), Mezclilla (1888), Ensayos y revistas (1892), Palique (1893), y Siglo pasado (1901). Varios investigadores han recogido la obra periodística del autor: Preludios de Clarín (1875-1880) (Jean-François Botrel, 1972), Obra olvidada, artículos de crítica (1882-1901) (Antonio Ramos-Gascón, 1973) y Clarín político, tomos I y II (artículos dedicados a temas sociales y políticos, escritos entre 1875-1901, Yvan Lissorgues, 1980). Los prólogos de Leopoldo Alas fueron recogidos por David Torres (1984).

La agresividad crítica de Clarín y el cortante filo de sus opiniones estéticas contrastan con la cautela con que aborda su labor creadora. Comenzó escribiendo cuentos cortos, en los que reflejó lo que el mundo y sus gentes ofrecían de interesante. La primera entrega fue Pipá (1879), novela corta influenciada por el naturalismo, que presenta en germen personajes que aparecerán en La Regenta (1884-85). La Revista de Asturias publicó en 1880, entre abril y junio, tres capítulos de Speraindeo, primer intento de novela, que nunca llegó a terminar.

Cuestión interesante sería determinar de dónde le viene la ambición y el impulso de escribir una novela como La Regenta. Quizá el de mayor significación le fue dado por el naturalismo, según el propio autor sugiere al reseñar la obra de Galdós; por ejemplo, al considerar La desheredada (1881), indicó las posibilidades que ofrecía, por la concepción de la novela naturalista y sus técnicas. Por otro lado, la temática epocal iba perfilándose y se repetía en formas parecidas, con variaciones formales en las diferentes novelas del momento.

El tema del adulterio, central en La Regenta, se rastrea en Madame Bovary, de Flaubert, O primo Basilio, de Eça de Queiroz, Ana Karenina, de Tolstoï, y La conquete de Plassans, de Zola, la obra que más se asemeja a la de Alas, aunque se le suele dar prioridad a Madame Bovary. Fenómeno digno de mención es el auge de la novela durante la década de los ochenta, con la aparición de una docena de obras relevantes de Galdós, Pardo Bazán, Ortega Munilla, Palacio Valdés y Pereda. Década áurea de la novela en el siglo XIX español, coincidiendo con la primera salida de Alas al campo de la narrativa extensa.

La Regenta es el resultado de una conjunción: la suma de flaubertismo (la novela autoconsciente) más naturalismo (visión «moderna» de la realidad, que permitía ver en profundidad), más las circunstancias propicias (el público quería novelas), más el interés del autor por lo ético (krausismo) y el deseo del artista de ser oído en toda España.

Todo ello dio lugar a la invención de un mundo ficticio y de un escenario cuyo referente es la ciudad de Oviedo (en la novela, Vetusta): la bella y sensible Ana Ozores, recién casada con el maduro Víctor Quintanar, ex regente de la Audiencia, se ve acosada por el donjuán de la ciudad, Álvaro Mesía, y por el magistral de la catedral, don Fermín de Pas. Acaba cediendo al cerco de don Álvaro, tras rechazar al sacerdote que tan apasionadamente la ama. Don Víctor, que descubre el adulterio, presionado por Pas, desafía a don Álvaro, y muere en el duelo. La novela resulta extraordinaria por el cuidado y detalle con que se presenta la vida de Vetusta y sus diferentes clases sociales; para la descripción del ambiente provinciano y del entramado de la vida colectiva, lo más naturalista de la obra, utiliza las técnicas más apropiadas, como el monólogo interior y el estilo indirecto libre, aptos para que la historia parezca contarse por sí misma -la narran los personajes- y para penetrar en el interior de los seres ficticios, en su sentir.

La segunda novela, Su único hijo (1890), es otra obra maestra; aunque menor que La Regenta en el número de registros temáticos, la iguala en el acierto con que usa los recursos técnicos. La novela ejemplifica a la perfección las asimilaciones que el género realizaba a expensas del teatro, el esfuerzo por dramatizar la realidad en una intensa representación de los sucesos. El narrador cede la palabra con frecuencia a los personajes con el fin de que la ilusión de realidad se intensifique. El argumento de Su único hijo es sencillo: un hombre débil y sin fortuna, Bonifacio Reyes, vive sometido a la voluntad de su mujer, Emma, que lo tiraniza. Se consuela con la música, a la que es muy aficionado; llega a la ciudad una compañía de ópera y Bonifacio es seducido por Serafina, tiple y amante del director de la compañía, que a su vez se relaciona íntimamente con Emma. Queda esta embarazada, pero ¿de quién? Bonifacio, movido por el impulso de la paternidad, afirma que el hijo es suyo, su único hijo.

Muchos y muy buenos cuentos y novelas cortas escribió Alas: El Señor y lo demás son cuentos (1892), Doña Berta, Cuervo y Superchería (los tres de 1892) y Cuentos morales (1896) son, posiblemente, los relatos más notables de la literatura española de su tiempo. Intentó, sin éxito, triunfar en el teatro; el estreno de Teresa (1895) fue un fracaso.

CLARÍN. "La crítica y los críticos"







Comentario


De manera epistolar Clarín redacta este artículo, manifiesto en el que vuelca sus pensamientos acerca de los críticos de su época.
Comienza con una metáfora en la sugiere que los críticos son como los siervos ignorantes de Moliere.
Plantea la carencia de conocimientos de los críticos y los pocos escrúpulos de los periódicos al publicarles. Habla de la falta de recursos lingüísticos y culturales de los mismos.
Señala punto por punto los problemas por falta de retórica, excesiva libertad gramatical desconocimiento de estética y erudición clásica. Se refiere directamente a escritores de su época con gran ironía y arrojo.
A continuación diserta sobre Oriente, China, Grecia y Roma como lugares que suenan y de los que se dicen cosas obvias aunque no se profundice en su literatura y cultura general. Acusa a los críticos de saber cuatro cosas básicas y hacer uso de ellas siempre, como un simple comodín. De no argumentar las críticas con criterio sino con sorpresa vana y análisis simple sobre los términos técnicos.
Tal y como lo hacia Larra en su entrevista de Fígaro con una aspirante a actriz, Clarín ironiza sobre el oficio del crítico completamente desvirtuado por la ignorancia y la ligereza de sus conceptos.
Sobre el final del artículo se nombra así mismo tan crítico como puede serlo cualquier otro que tenga mala leche. Habla en primera persona. Da su propia definición de criticar. “Criticar es murmurar.” Traslada estas afirmaciones sobre la crítica a la creencia del público y de los colegas. Dibuja un mundo de sombras y envidias alrededor de esta profesión donde todo es mala voluntad. Critica fuertemente y desde dentro dando una visión atroz del mundo literario de su época. Para cerrar, abre la puerta a la escritura de un futuro artículo.

Rosalía Martínez

CLARÍN. "Mar sin orillas"( Echegaray)










Teorización y tesis.

La extensa crítica de Clarín, en sus tres primeros párrafos sitúa al lector ante el panorama teatral del siglo XIX y su devenir desde el Siglo de Oro. Apunta las divergencias entre propuestas clásicas y románticas además de las influencias de dramaturgias extranjeras. Incluye al público en estas apreciaciones y señala el carácter político de sus componentes. Contextualiza.
En los tres siguientes párrafos critica a los críticos por no ser ni rigurosos ni consecuentes con la obra de Echegaray. Para él, este dramaturgo es un fenómeno teatral que merece detenido estudio, por lo menos.
En los siguientes fragmentos Clarín subraya la importancia del teatro de Echegaray en contraposición a las propuestas simoniacas y mojigatas. Lo enclava en su época y lo revaloriza por pertenecer a ese contexto de poco teatro intresante.



Análisis del espectáculo. Estructura.


A continuación ocupa más de una página en adentrarse en el análisis exhaustivo de la estructura formal de la obra, su lenguaje y su unidad. Destaca la incoherencia de las ligeras apreciaciones de los demás críticos a este respecto, evidencia sus contradicciones y las cuestiona con argumento firme.
Detalladamente, el crítico ocupa más de cinco páginas en contar el argumento completo de los tres actos de la obra, insertando pequeños comentarios subjetivos.
A continuación desarrolla el análisis punto por punto, señalando los aspectos positivos de la obra sin ocultar con la misma severidad sus partes débiles. Se adentra en materia escénica hablando ya no solo del texto si no de su puesta en escena y en el desempeño de sus ejecutores.



Reflexión personal.


Su análisis le lleva a reflexionar sobre los factores que hacen buena a una obra. ¿Qué es lo fundamental? Coincide con Hegel en que el “caracter” es la respuesta y argumenta por qué Echegaray consigue retratar un caracter completo que constituye la esencia de lo dramático. Argumenta esta esta tesis citando autores de renombre y manifiesta su ideal de teatro basado en la verosimilitud, entre otras cosas.
Finalmente aplaude y apoya el intento de Echegaray que aunque no perfecto tiene para él el valor de ser un teatro de nuevas formas, un teatro renovador. Rompe una vara por el autor definiéndolo como “genio” de una época cuyo nombre perdurará en la posteridad.
La crítica es rigurosa en cuanto al análisis y al conocimiento de la materia. Su estilo es severo y la comparación con otros críticos, siempre peores, le sirve para ahondar en sus propias razones y ponerse por encima, pero con rectos argumentos.

Rosalía Martínez

viernes, 1 de julio de 2011

Maratón de sueños en forma de letra



La búsqueda de visibilidad de los nuevos dramaturgos
Sueños, perversiones, recuerdos, encuentros, descargos y otros muchos fueron los temas que formaron parte de la Primer maratón de lecturas dramatizadas de estudiantes de dramaturgia y dramaturgos egresados de la RESAD el pasado miércoles 29 de junio en la sala Guindalera de Madrid. La iniciativa llevada a cabo por Manuel Benito y el Teatro Guindalera,  junto la colaboración de Javier Hernando Herráez, tuvo una acogida cálida y entusiasta por parte del público, que a veces tomaba el espacio escénico para realizar le lectura de uno u otro personaje de las obras. Los limpios cambios entre escenas y las sencillas pero acertadas propuestas de lectura daban la sensación de estar presenciando un montaje perfectamente aceitado, sin embargo la improvisación fue el ingrediente principal de esta fresca propuesta que duró desde las 18 horas hasta casi la medianoche. Así entre risas y reflexiones se sortearon las dificultades provocadas por el fuerte aire acondicionado en contraste con las altas temperaturas exteriores, que fueron causa de deserciones y algún desmayo.
La maratón se dividió en cuatro bloques de aproximadamente una hora, constituidos por piezas de distinta de duración. La velada fue amenizada por la presentación del actor y estudiante de dirección José Gómez, partícipe a su vez de varias lecturas.
El primer bloque comenzó con la lectura de La madre de Felipe Vera; un monólogo interpretado por el mismo autor en el que vacía su alma en la última conversación con la dictadora Avelina. A continuación La noche de los feos de Angie Martin, nos habla del encuentro de dos personas que deben enterrar sus cicatrices para poder unirse. Underwear de Juan Ríos nos sumerge en el mundo una Lolita internauta y sus conflictivas relaciones. La risa vine de la mano de Vendido de Pedro Entrena; la escena de una ambigua relación entre un adulto y un niño que deben despedirse por intereses aparentemente externos. Y por último Fondue de María Velasco con los ingeniosos monólogos culinarios de un hombre y una mujer que se amaron.
El segundo bloque se tiñe de comedia de la mano de María Montenegro y su obra El cisne, Un pequeño extracto de la obra verano de Manuel Serén cuyo ácido humor provocó la hilaridad del público y Maharrutxi de Paloma Arroyo.
En el tercer bloque Un Cazador de Javier Hernando Herráez nos remueve con la lectura performática y vertiginosa de un cazador despiadado y Rocío Bello nos presenta en atriles Cave Canem, una inquietante tragedia cristiana vestida de blanco y vuelo poético.
El cuarto y último bloque de lecturas comienza con la propuesta realista de Rosalía Martínez; La Fiesta trata del empecinamiento de una niña de festejar un cumpleaños aunque todo a su alrededor se venga abajo, y por último Manuel Benito homenajea al humor español con La suerte, igual que viene…, una disparatada comedia con innumerables personajes que abarcaban la totalidad del escenario de la Sala Guindalera.
Así finalizó esta bonita experiencia que esperamos que se convierta en una modalidad fija para dar visibilidad a los nuevos dramaturgos en Madrid.
Cabe destacar la no participación de los profesores y directivos de la RESAD, siempre tan dispuestos a apoyar las iniciativas de los alumnos en alma pero no en cuerpo presente, exceptuando al joven José Cruz que incluso participó de una de las lecturas.
Ángel de Aza

jueves, 5 de mayo de 2011

Crítica


Una puesta arriesgada en un espacio que apuesta









Incrementum de Georges Pérec. Dirigido y adaptado por Sergio Peris-Mencheta Reparto: María Isasi, Marta Aledo, Lara Cobos, Marta Solaz, Rebeca Ledesma, Ainhoa Aldanondo, Sergio Villoldo. Del 5 al 28 de Mayo todos los jueves, viernes y sábados a las 21h30. Kubik Fabrik.
La vie, mode d'emploi es la novela de Georges Pérec que da origen a la adaptación teatral Incrementun. La esencia del autor francés perteneciente al grupo literario Oulipo, se mantiene en esta versión de Sergio Peris- Mancheta que explota al máximo el juego de palabras y la repetición.
El espacio Kubik Fabrik, antigua fábrica remodelada del barrio de Usera, abre sus puertas a este director novel, más conocido por su trayectoria como actor de cine (Los Borgia, El Capitán Trueno y el Santo Grial, Resident Evil: Afterlife, Love Ranch etc.) y televisión (Al salir de clase 1998/99).
El director nos presenta un montaje lleno de ironía e imaginación. Incrementum nos sumerge en el vertiginoso periplo de seis empleadas de oficina en busca de un aumento de sueldo, un objetivo que se dilata a lo largo del tiempo en un circularidad repetitiva y disparatada. En un espacio blanco y austero la impecable interpretación de las seis protagonistas es el sello que marca la diferencia. A medida que la escenificación avanza descubrimos la fisura de los personajes, que transitan todos los estados de ánimo al quedar enredadas en sus propias especulaciones mentales.
La propuesta de Peris es coral y precisa, suena como una música afinada donde el ritmo va in crescendo a medida que atrapa al espectador. La música en vivo, a cargo de Sergio Villoldo, que también encarna a un divertido presentador, complementa la sonoridad del texto.
Seis sillas negras en el espacio completamente blanco y unos pocos elementos de atrezzo, componen la escenografía de una obra cuyo peso descansa en la entrega de las actrices y la infinidad de matices propuestos por una dirección de escena excelente.
Una pieza imperdible, llena de riesgo, humor y experimentación que es recibida gratamente por el público que además de disfrutar tiene la posibilidad de reflexionar a posteriori con este reflejo del sistema laboral en el que estamos inmersos.
ÁNGEL DE AZA

Reflexión

La lengua


La lengua, teniendo en cuenta su enorme potencial es completamente ambivalente. Tanto puede ser utilizada para la creación, la evolución de una cultura y la riqueza de los pueblos como para su manipulación, destrucción e involución. Pero podría afirmarse que su lado negativo se debe a la dicotomía entre palabras y hechos. Esta desunión hace que surjan los malentendidos. Cuanto más manejo de la palabra tengamos, más capacidad camaleónica. Si la lengua y los hechos se dirigieran hacia un mismo sentido, probablemente nacería una verdad, una coherencia. La pregunta es: ¿Somos capaces después de tanto entrenamiento en la utilización de máscaras, de ser realmente coherentes en cuanto a hechos y palabras? Me confieso incapaz. Ni aun cuando intentemos serlo, los demás nos dejarían. Y creo que este tema da para mucho y como no soy ninguna experta ahora os dejo para que den rienda suelta con honestidad y coherencia a la sin hueso, ¿O es que os han comido la lengua los ratones?


ÁNGEL DE AZA

Columna

Dionisio llama ¿Hay alguien?


Ya los griegos lo sabían muy bien; cuando despierta la primavera y el sol acaricia las blancas pieles del invierno, las hormonas corretean desenfrenadas batiendo la sangre. El impulso se impone a la razón y lo más sano para el ser, es ser consecuente con la naturaleza ¿Cómo? Embriagándonos durante días y noches; vino, teatro y desenfreno. Dando rienda suelta al instinto hasta culminar en la liberadora catarsis. Ese es el espíritu, legado de los dioses que debe permanecer vivo en toda persona que se considere digna de pertenecer al mundo del arte. Nada de opacos seres de gafas, encerrados en un cuarto frente a una pantalla, memorizando nombres y fechas, bajo la tiranía del saber.
No era esto lo que predicaban los sabios griegos, no era esto señores.
Basta de dobletes de cándidas historias de musical, ¡Pongámonos de acuerdo! Basta de absurdas exposiciones de “No tengo ni idea de cómo se hace y tiro porque me toca”. Basta de: te explico lo mismo que leo, frase por frase, párrafo por párrafo, que el libro solo tiene 438 páginas, ya terminamos. Basta de pasar el clásico lunes escuchando la ideología de la caspa ¡Si Calderón lo oyera, que deshonra! Y basta de visionados eternos que una y otra vez ponen a prueba mi capacidad de estar despierta. Basta señores, basta de blogs sin ángel por la velocidad.
Dionisio me llama y lucho entre mis obligaciones intelectuales y las de mi espíritu, ¿A quién serle fiel sin morir en el intento? Cuanto de todo esto no es una mera excusa para justificar una vida que no necesita justificación para ser. Déjame Dios del vino y del infierno que golpeas mis sienes desde dentro, tengo que encerrarme a escribir para que los sabios de hoy tengan material de desecho.

ÁNGEL DE AZA