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sábado, 5 de marzo de 2011

Yo y mi hermano. "Delirio filosófico a la cubana"


(Inspirado en “La noche buena de 1836”. Yo y mi criado. Delirio filosófico. Mariano José de Larra)
"La noche vieja de 1999"
Yo y mi hermano. “Delirio filosófico a la cubana”
Habaguanex

El 31 de Diciembre es un día fundamental para los cubanos, de hecho es el único festivo oficial no relacionado con la revolución. Además según las tradiciones religiosas de la santería, las meigas gallegas, los brujos canarios, chinos, los indios taínos y siboneyes autóctonos y toda clase de oscurantismos que en allí encontraron caldo de cultivo para entremezclarse unos con otros, establecen que el día de noche vieja es necesario prepararte para que el año nuevo venga lleno de experiencias positivas.
Hay que prepararlo todo con vistas al advenimiento del nuevo período. Bajo ningún concepto debe sorprenderte sin que hayas tomado las medidas correspondientes para evitar una posible catástrofe.
Nunca sabrás a ciencia cierta lo que acontecerá, por lo que el temor a descubrir ya de antemano, que la cosa no va a ir bien es frustrante. Sobretodo porque los deseos y empeños futuros dependerán de ese dichoso comienzo.
Desde siempre he creído y creo en que será así, no sé si por tradición o por ese miedo interno a desprenderme de una superstición temiendo que las represalias no tarden. O quizás más claramente, por achacar y justificar con causas sobrenaturales mis incapacidades, miedos y frustraciones.
Lo cierto es, que cada 31 de diciembre para mí es un sin vivir. Sé que se avecina un año más en el que pueden abrirse nuevas posibilidades de cambio y progreso, y también puede ser justo lo contrario. De nada valdrá entonces meterme debajo de la cama, o beberme un cubo entero de tila buscando la evasión, no evitaré que las predicciones se cumplan y me abofetee la realidad aún dormido.
También es verdad que existen métodos profilácticos según las autoridades brujas, para intentar mejorar lo que se denomina letra del año. Estos son algunos de los más populares remedios. Debes salir a la calle a las doce de la noche con una maleta y dar tres vueltas a la manzana, si quieres que haya giras o viajes ese año (Confieso que una vez lo hice y me asaltaron unos delincuentes, desde entonces no he vuelto a intentarlo, prefiero de todo corazón que no los haya). También debes evitar disgustos; bañarte con canela, miel de abejas y flores atraerá el amor; limpiarte con menestras y un huevo, tirándolos luego en la convergencia de cuatro esquinas, te evitará enfermedades; buscar una hierba llamada muralla y poniéndola a la entrada de la casa, alejará el mal y abrirá posibilidades de proyectos.
Es muy aconsejable además mezclar tu nombre escrito en papel de estraza con el de tus superiores, metiendo ambos en un bote de azúcar negra. Esto creará efectos de favoritismo y buena armonía respecto a las relaciones laborales con ellos. Solo debes mover con mucho fervor, y con una cuchara, por supuesto, pidiendo que se endulcen los propietarios de dichos nombres.
Por último, como medida extrema, también puedes azotarte con las ramas espinosas de una planta llamada Rompesaragüey, que te dejará el cuerpo muy dolorido y con marcas durante un mes, pero romperá como bien su nombre lo indica, cualquier maleficio de otro que como tú, intentara que su nuevo año vaya bien, y quiera, por ejemplo, en el terreno laboral, quitarte literalmente de en medio.
Así sucesivamente son interminables las medidas que puedes tomar para amainar los estragos que ese año nuevo te pudiera deparar.
Con este cacao de soluciones me pregunto ¿por qué tiene que depender el conseguir los objetivos sueños y aspiraciones, solo de causas ajenas y no de la voluntad ni del esfuerzo? Cada vez que reflexiono sobre esto, me viene inevitablemente la imagen de la bombilla que no le vale con querer alumbrar fervientemente, sino que por obligación dependerá siempre de esa energía, sin la cual la pobre es poco más que un frágil trasto. Mi bombilla está entonces siempre expectante de que esa energía llamada inspiración, oportunidad, suerte o destino, le dé la gana de presentarse a la cita. Más que todo, porque cada año de fracasos, es inversamente proporcional al tiempo que me quedaría, para llevar a cabo a mis propósitos de realización
Recuerdo muy bien que todas estas inquietudes se debieron a la visita que un maravilloso día la musa Erato me hizo, y fue cuando comencé con solo cinco años a recitar con mi precoz memoria de arriba abajo, todos los poemas de Nicolás Guillén. Todo esto para orgullo y vanagloria de mi querida madre. Umm, aún me recuerdo inmerso y enajenado en la historia, como si los personajes del poeta se hubiesen transfigurado de letras y estrofas, en seres de carne y hueso que jugaban conmigo

De La Habana a Portobello,
de Jamaica a Trinidad,
anda y anda el barco barco
sin capitán.

Una negra va en la popa,
va en la proa un español:
anda y anda el barco barco,
con ellos dos.

Pasan islas, islas, islas,
muchas islas, siempre más;
anda y anda el barco barco,
sin descansar.

Un cañón de chocolate
contra el barco disparó,
y un cañón de azúcar, azúcar,
le contestó.

¡Ay, mi barco marinero,
con su casco de papel!
¡Ay, mi barco negro y blanco
sin timonel!
Allá va la negra negra,
junto junto al español;
anda y anda el barco barco
con ellos dos.
¡Ay Dios mio, cuántas veces deseé ir en el barco con el español y la negra aquella para no regresar jamás!
Fue...sí...fue desde entonces que comprendí que era un ser distinto, mientras mis hermanos, primos y amigos jugaban al beísbol, yo no hacía otra cosa que recitar poemas con un turbante en la cabeza. Me sentía entonces el ser más afortunado de la tierra, a pesar de las miradas y críticas desdeñosas de mi padre, de mi hermano y de la mayoría.
Debo decir que ella, la musa, no vino sola, poco a poco, también decidieron incorporarse a la comitiva sus compañeras Talía, Polimnia y Urania. Desde ese momento mis estados anímicos, mis alegrías, mis sueños giraban entorno a las artes. Una sensibilidad casi obsesiva por ellas, me darían un vuelco, provocándome grandes vaivenes emocionales. Los mismos se encontrarían a partir de ahora, ligados con lazos irrompibles a mis creaciones y a las ajenas, ya sean música, danza o escritura, en definitiva serían mi sosiego y mi tormento.
Y así, con esta dolencia anquilosada llegó otra víspera de año nuevo. Salí a trabajar, y dejé ya desde las tres de la tarde a esa pobre gente de mi barrio y de mi casa, bebiendo enajenados como colibríes aferrados a la flor. ¡Con qué poco se conforma esta gente!, me dije, pero no se les puede pedir más, hasta ahí llegan sus aspiraciones.
Ese fin de año no era uno cualquiera, era nada menos que 1999, vísperas del fin de siglo XX.
Y mientras meditaba en cómo emprender otros caminos, esos pobres se dejaban llevar por la propaganda de los ya 41 años de logros, que la revolución cumpliría el 1º de Enero.
Y mira por donde yo me había pasado todo el rato elucubrando sobre mi posible huída para alejarme precisamente de esos logros. Estaba harto de manipulaciones.
Pensaba hacerlo en la próxima gira al extranjero con la compañía Tropicana, donde trabajaba, y dicho sea de paso, me realizaba plenamente entre lentejuelas, luces, música, cual cucaracha revolcándose dentro de un bote de leche condensada.

Aquella noche al final de la función, dentro del autobús que trasladaba a los artistas a nuestros respectivos barrios, las lágrimas se me saltaban cuando reflexionaba sobre el precio que debía pagar si lo hacía. Con mi cabeza recostada al cristal de la ventanilla, veía toda mi vida pasada, y la nueva, que ansiaba con toda mi alma... ¡Ay esa ventanilla! Ahora que lo pienso, ella sola se merecía que le dedicase una reflexión. Eran autobuses donados por los pastores protestantes de Montreal, donde hace un frío que pela, y no tenían la posibilidad de ser abiertas. Íbamos entonces achicharrándonos, con el maravilloso y cacareado verano eterno caribeño. Eso sí, todos tan contentos. Al cubano con una botella de ron y dos maracas le basta para ser feliz, me dije, al verlos divertirse en medio del pasillo de la guagua, que es como allí se llaman los autobuses. De repente uno gritó desde el fondo.
  • ¡Oye mulata que linda estas hoy!
  • ¡Ay Negrón, no me digas esa cosas y tócame el chasis por favor, necesito cariño, azúcar, azúcar !¡Esto está que arde!
Y tanto que ardía, y yo deseando morirme de frío en el Cánada con los benditos pastores. Una foca quería ser en aquel instante.
Solo una idea me daba vueltas en la cabeza, libertad. El hastío por la precaria situación, que no se trataba solo de llenar la tripa, no. Mi hambre al menos no era solo de estómago, y no existía en el mundo cartilla de racionamiento que la pudiera saciar. Estaba hasta la coronilla de que me racionalizasen la posibilidad de expresarme como lo hacen con el kilo de boniato que nos daban cada mes.
Durante el trayecto el espíritu festivo de la gente en la calle lo invadía todo, al igual que la congoja y el desasosiego hacían lo suyo en mi interior. Mujeres que iban con botellas de alcohol medio desnudas y bailaban. Ninguna se planteaba que ya eran 41 años de revolución, una revolución que no se ha querido enterar de que ahora son cds y no discos de vinilo. ¿Por qué no protestaban al menos quedándose en casa, en vez de ir tan panchas por el muro del malecón? No lo podía creer, cantaban las muy tontas, un chachachá muy famoso tocándose de forma provocadora... Si me pides el pescao te lo doy, ay te lo doy, te lo doy , te lo doy. ¿Pero de qué pescado hablaban? Allí donde nos baña el Caribe y el Atlántico por todos lados ¡no hay pescado y mucho menos langosta! A no ser para los turistas en los hoteles.

A los pocos días se avecinaba una gira a Mónaco, era mi oportunidad, pero el empresario es francés y muy exigente, quería el mejor elenco. Solo viajarían 40 de trescientos que éramos, entre bailarines, cantantes, músicos, modelos, vedettes y su madre en cueros. Como la plantilla está inflada y trabajamos prácticamente gratis por un diploma de vanguardia, desempleo no hay, lógicamente. Allí todos podemos ser artistas, ingenieros, médicos y cosmonautas si quieres. Pero cuando se trata del “bussines”, el capitalismo manda, solo 40 para el trabajo de 300, y a ver a quién le toca.

En fin, ese 1999 sería el último, me dije yéndome a casa. Había tomado la mayoría de las medidas recomendadas, pero no me fiaba. Fue entonces cuando mi vecina María Regla que es santera me dijo.
  • Oye, si quieres que te pongan en la gira ponle al santo Eleguá un avión de juguete. Rafa mi marido lo hizo y su hija mayor lo reclamó y logró sacarlo para Mimi.
  • ¿De verdad Reglita?, le contesté.
  • Hazlo niño, te acordarás de mi, eso si, recuerda cuando llegues que mi número de zapatos es el 37. ¡No te tomes cuando llegues la coca cola del olvido! Gritó desde su puerta.

Entre promesas de recuerdos y de tallas salí corriendo a ver que niño generoso me prestaba un avión, porque juguetes no vendían desde hacía mucho. De más está decirles que los pocos niños que tenían un avioncito destartalado, daban verdaderas pataletas al ver que sus madres pretendían privarles de su compañero favorito.
Finalmente, encontré la solución en un amigo, al cual su mujer y su niño se le habían ido también para los Estados Unidos. Él no pudo por el impedimento de que al ser el médico, la revolución les impone, que solo después de 5 años castigados sin ejercer la profesión, podría pedir de nuevo que le dejasen ir, y ya se vería. Mi amigo con toda la intención de ayudarme me ofreció un avión que su hijo dejó. Al enseñármelo ambos nos dimos cuenta de que era un cohete. Quedamos desconcertados, pero decidí probar con eso mismo. Reglita más tarde me comentó. “Niño, puede que sea mejor, los cohetes van más rápido”. A lo que yo agregué, “pero van al cosmos, y lo que yo quiero es ir a Mónaco”. No tuve más remedio que probar con el cohete, era eso o nada. Me sentí como Yuri Gagarin en el cosmódromo de Vaiconur.

Aquella noche del 31 nos reunimos la familia y unos cuantos amigos. Bailaba a pesar del dolor de los golpes, que con las benditas hierbas me dio el brujo. Todo iba bien, estaba seguro esa vez de que todo iba a salir a pedir de boca, o al menos eso me repetía intentando alejar cualquier pensamiento negativo. Pero lamentablemente esto duró hasta escuchar que se acercaban las doce y una gran inquietud se apoderó nuevamente de mí.
Pasada la medianoche, y después de los besos entre unos y otros, los abrazos con temblores incluidos y de lanzar cubos de agua por los balcones a la calle, junto con los huevos, todo ello para alejar con el ahínco más grande todo lo malo que pudiera avecinarse, según marca la cacareada tradición, surgió una escena imprevista. Un grupo de los presentes, entre ellos mi hermano, decidieron enumerar alguno de sus planes futuros para el nuevo año que comenzaba. Cierto es que el alcohol, ya sea en mojitos, daiquirís, o en el asqueroso ron llamado chispa de tren, por ser muy malo, ocupaba gran parte de sus fluidos corporales. Ésto precisamente logró como siempre realizar su función deshinibidora y permitir la expresión sin tapujos de todos los que allí compartíamos.
Todos comenzaron a exponer sus mejores deseos y proyectos para el nuevo año sazonados con la música del Reggaetón, Unos decían, tenemos que acabar de ir a casa de Manolo, se ha comprado una tele anoréxica. ¿Cómo? Sí chico, de esas de pantalla plana, y hay que estrenarla viendo un partido de fútbol. Otras estuvieron explicando los modelitos de ropas que soñaban con que sus familiares exiliados les enviarían. Otros que si quiero una o un extranjero para casarme y que me saque del país. Las unas que si los guapos y las guapas, las siliconas y los móviles de última generación que solo veían en revistas que entran clandestinas en el país. Los poseídos por el espíritu de Marinetti que si los coches y motos del año, conocidos de igual modo, solo sobre el papel. Y yo... me sentía... como esos niños de las películas en los que la profe les colocaba en la esquina del aula con un sombrero con orejas de burro. Escuchaba, pero no intervenía, estaba seguro de que tenía sobre mí la poderosa armadura que cual gladiador romano, me protegía de la mediocridad y de la falta de propósitos elevados.
Mientras continuaban hablando y describiendo cada una de sus formas de realización personal, me di cuenta entonces de que el alcohol gobernaba todo mi ser. Fue en ese instante en que inmediatamente cambiando el Cd, sustituí el de reggaetón por el de Joan Sutherland cantando la ópera “Puritani”. Me dirigí a todos y les dije. Lo siento si no lo hago hoy no lo haré durante todo el año. Todos muy enfadados arremetieron contra mí. Mi hermano me cogió por banda. “Eres un amargado, piensas que solo es diversión esa música que no se entiende y encerrarte en tu cuarto con el piano no queriendo recibir a ninguno de tus amigos. ¿Es normal que estés continuamente con eso encima que tú llamas gorrión, y no es más que una depresión de cojones porque no te sale como deseas lo que escribes? Esos estados de ánimo siempre grises porque no te dieron en la zarzuela el papel que esperabas. Tu lo que eres es un amargado”.
Mientras me gritaba pensaba para mí, no le hagas caso tu eres artista, lees a Lezama y a Cabrera Infante, te conmueve el grito de Munch, tu que sufres orgasmos múltiples frente a las marinas de Sorolla. Eres el que se realiza con la creación de un poema o una canción, el que subes y bajas como un termómetro dislocado de estados de ánimos durante todo el día por causa del arte, eres un incomprendido.
Mi hermano, intuyendo que estaba en uno de mis trances, me zarandeó diciendo. “La vida no es solo inventarte historietas, vive la tuya, y deja vivir ¡coño!”, e inmediatamente quitó la música.
Me insistí a mi mismo. No, no hagas caso a esta chusma, no pueden entenderte...
Me asusté mucho y fue entonces que recordé un remedio que me dio el brujo es su día. Yendo a la cocina me hice con uno de los cocos que mi madre guardaba para hacer un dulce cuando pudiera la pobre conseguir un poco de azúcar y empecé a realizar al pie de la letra la ceremonia. Rodaba desesperadamente el duro fruto por toda la casa de atrás hacia delante, intentando recoger la mayor cantidad de influencias negativas que pudiesen encontrarse a mi paso. Al pasar junto al grupo todos me miraron espantados, pero conociéndome lo suficiente, no se atrevieron a dirigirme la palabra. Ignorándolos de igual modo, seguidamente estallé el coco contra la calle para que los maleficios se deshicieran. Tras unos minutos... en el balcón... oyendo las risas de los presentes pensé... Son sin embargo felices... al menos más que yo, creo.
Al día siguiente fui a trabajar, al llegar miré las listas...y....oh Dios...mi nombre estaba, Oh Dios, iría a Mónaco.
¡Bendito Cohete!
Habaguanex

jueves, 3 de marzo de 2011

Yo quiero ser artista o famoso


Yo, Aleix Serra me hallaba plácidamente en mi despacho sin saber que artículo escribir para el blog de crítica teatral. Mientras a través de la ventana veía caer los copos de nieve que estaban invadiendo la ciudad. Los coches blancos parecían muñecos de nieve gigantes. Los niños jugaban a lanzarse bolas, las risas invadían las calles tristes de cada día.
Como ya he comentado estaba sin saber que redactar, cuando de repente llaman al timbre y me dispongo abrir la puerta. La sorpresa fue que en la entrada me encontré con una bella muchacha que deseaba hablar conmigo. Vestía con una falda muy corta y un escote que incluso yo no puede evitar mirarlo. Le hice pasar y con sus finos y largos tacones se introdujo hacia mi despacho. La joven con una voz muy fina me dijo:

  • ¿Es usted Aleix Serra?
  • ¿Qué desea señorita?
  • Vengo en busca de su ayuda.
  • (Asombrado) ¿Qué necesita?
  • Un buen amigo suyo me ha hablado de usted... Necesito que me haga un favor.
  • Si está dentro de mi alcance se lo haré.
  • Yo soy una mujer que...
  • Prosiga.
  • Quiero ser artista.
  • Eso es bueno.
  • Necesito conocer algún manager.
  • Ya entiendo.
  • ¿Podrá ayudarme?
  • Permítame primero hacerle unas preguntas para saber que tipo de artista desea ser usted.
  • A mí personalmente me gusta la televisión o el cine.
  • Me parece correcto... Entonces, ¿desea ser actriz?
  • Sí.
  • ¿Habrá estudiado interpretación?
  • De pequeña en el colegio hice una obra de teatro.
  • ¿Qué obra hizo?
  • La Bella durmiente.
  • ¡Un clásico!
  • Sí hacia de bella.
  • Papel protagonista.
  • Con ese personaje me di cuenta que debía dedicarme a esto.
  • ¿Sabrá usted quien es Stanislasvki?
  • ¿Un hombre de teatro?
  • Tendrá usted que saber los diferentes métodos de interpretación. Así luego seleccionar el suyo.
  • No es necesario eso lo me sale de dentro. Si quiere se lo demuestro.
  • No, tranquila. Le creo. ¿Tendrá usted estudios?
  • Por supuesto. He ido al colegio.
  • Entonces usted leerá bien y pronunciará perfectamente todas las palabras.
  • Sí señor.
  • ¿Sabrá idiomas?... ¿Inglés?
  • No señor.
  • No se preocupe siempre hay traductores. ¿Se habrá preparado usted ante una cámara?
  • Bueno delante del espejo hago maravillas. Y si en el espejo salgo maravillosamente, ante una cámara, me la como.
  • Estará usted dispuesta hacerse algunos retoques.
  • Sí. De momento ya me he puesto pecho.
  • Ya veo, le que da muy bien.
  • Gracias.
  • Sabrá usted que es complicado afrontarse a la prensa.
  • Claro. Además estoy practicando... ¡Fotos no!... ¡A mis abogados, gracias!
  • Tendrá que elegir que tipo de personaje será.
  • Si colaboro en un programa de televisión, con gritar y decir que tal persona se ha costado con otra. Sería suficiente.
  • ¿Usted se acostaría con algún famoso?
  • Sí. Y si es un torero mejor. Los toreros te hacen ganar más dinero.
  • ¿Vendería la vida de cualquier persona cercana?
  • Por supuesto, cuando una quiere algo debe de hacer sacrificios.
  • ¿Qué más sería usted capaz de hacer?
  • Vendería mi alma al diablo.
  • Personalmente usted llegará muy lejos. En el mundo de la televisión mujeres como usted tienen las puertas abiertas para el éxito. Desde mi discreta opinión la fama le espera detrás de esa puesta. Continúe así que conseguirá sus objetivos. Así que usted conseguirá ser una gran famosa.
Con una sonrisa en la boca mi querida famosa se marchó al decirle que le recomendaría a todo el mundo que yo conocía.


(Basado en el artículo de Larra Yo quiero ser cómico)


miércoles, 16 de febrero de 2011

¡Y digo yo Sr Larra…a ver qué pasa!

D.Mariano: con cierta ironía amarga anuncia “cuasi” tan cercanamente a nuestro tiempo, como el reino de los hechos llega ya a su meta final para que las palabras tomen protagonismo, el reino de palabras que debieran estar atadas, pero que pululan libres.
También aquí y ahora en vez de comernos al “lobo”, como le llama usted supongo que para referirse a los “enanos” que gobiernan, nos comemos los unos a los otros. En este sentido seguimos haciendo el mismo ridículo que en su tiempo, que no se, si esto tendrá que ver con la prohibición de cazar ciertas especies o con una apatía generalizada.
Tengo la sensación de que esta rebeldía e inconformismo que predicaba vuestro periodo romántico sea ya cadáver en el nuestro. También percibo cierta distancia entre las gentes, quizá más aún entre los españoles, que a veces me recuerdan a bebes asustados ante la nueva babel migratoria  y no menos incómodo a los extranjeros, asustados ante los bebes autóctonos.
Motivos  para asustarse hay varios Sr.Larra y no precisamente son los extranjeros el motivo. Nuestros políticos se muestran seriamente ridículos en sus mítines, se critican sin ningún sentido del humor, supongo que esto último forma parte de un serio protocolo, pero vamos… que estamos falto de esa sátira suya… incluso dentro del gobierno. Qué todo se torna enrarecido y algo aburrido y nosotros… también ridículos ciudadanos que esperamos a ver qué pasa… con este tópico país soleado, de toros y de fiestas. Bueno…así así, todo anda en el aire. Además… el aire está contaminado.
En Francia, fíjese ese lugar dónde tanto se luchó por la educación, y donde usted mismo pudo estudiar, cada año desaparecen cientos de profesores de la educación pública “el enano “que gobierna y que se pone tacón para estar al nivel de su novia -- que no vea usted que nivalazo de mujer-- dice hacer lo posible por este país… como el resto de Europa Sr. Larra porque ya somos europeos. Estamos ante una invasión de la privacidad, de cámaras que velan por nuestra seguridad, como diría mi abuela si viviese. No se puede fumar en los bares , restaurantes ni sitios públicos. Ahora los aviones se estrellan sobre los edificios, es otra forma simple de manifestarse. Dicen que de un grupo de terroristas islámicos, --aunque mi amiga dice que ni son aviones ni son islamistas -- ¿qué son? –Pregunto yo absurdamente asombrada-- Otras entes –exclama mi amiga--que nos hacen creer lo que ellos quieren que creamos. ¿Enanos? –le vuelvo a preguntar más  despierta ya mi curiosidad—enanos con mucho poder—responde mi amiga--y ahí andamos… a ver qué pasa.
Los jóvenes aunque quizá algo más preparados de lo que estaban en su siglo, han decidido vivir el presente—creo que como todos los jóvenes del mundo y de todos los tiempos-- los de mediana edad se preguntan que panorama van a ceder a los hijos… Y los ancianos, que son los únicos que tienen derecho de preguntarse… a ver qué pasa ahora , se mantienen como últimos testigos de aquellos caminos descalzos pero llenos de esperanza que además… ya se nos mueren. Por cierto en medio de un espectáculo del mundo “cuasi” desolador, como si no hubiesen tenido bastante.
 Ahora con los nuevos medios de comunicación todos dicen tener muchos amigos lo que equivale a decir que no tienen ninguno.
Ahora todo el mundo tiene más de una carrera o máster y cada día el nivel de exigencia es más alto, pero lo que de verdad importa nadie lo exige.
 Meditemos señores lo que de verdad importa, meditemos. Detengámonos unos minutos que el tiempo hoy no pasa más rápido que el tiempo de ayer.  
Señor Larra, fíjese como será la apatía de este siglo--a parte de las prisas-- que en Egipto ha habido una revuelta entre los ciudadanos, para expulsar a un “enano” que llevaba treinta años haciendo el ridículo y finalmente la voz del pueblo lo ha conseguido. Tradúzcase esto como un rayo de luz a nuestras sociedades occidentales y dormidas ante los sutiles ataques a nuestra única y exclusiva privacidad.
Y termino con este rayo de luz para desearle una feliz estancia allá donde se encuentre  con el placer de poder saludarle algún día y leerle los artículos dirigidos por un grupo de dramaturgos de mi promoción hacia su persona, a ver qué pasa…
Sin nombrar al culpable de este intento  maravillosamente larriano.
Ani olvido praderas

domingo, 6 de febrero de 2011

El receptor del nuevo arte

En suma, el público está compuesto por numeroso grupos que nos gritan:
            «Consoladme.»
            «Distraedme.»
            «Entristecedme.»
            «Enternecedme.»
            «Hacedme soñar.»
            «Hacedme reír.»
            «Haced que me estremezca.»
            «Hacedme llorar.»
            «Hacedme pensar.»
            Tan sólo algunos espíritus selectos piden al artista:
            «Escribid algo bello, en la forma que mejor os cuadre, según vuestro temperamento.»
Maupassant

Yo, Fabricio, estoy sentado ante el papel en blanco y la pluma, la vieja máquina de escribir Olivetti años 60, la pantalla del ordenador y el teclado Logitech… No quiero prescindir de ninguno de estos medios, para cazar las ideas que moran en distintos soportes y convertirme en emisor del nuevo arte. Pero, cuando las musas están dormidas, aparto la vista de mi gratificante hacer y pienso: ¿alguien leerá mis versos? Porque desearía que fueran recibidos por la gente, más allá de los amigos benévolos que se preguntan qué hago en estas horas de excelsitud mística.
  Si yo me considero el emisor y cuento además con mis variados métodos, técnicas e instrumentos de expresión, medios arcaicos y vanguardistas, entonces ¿quién es el receptor?
  Al afrontar tal pregunta, lo primero que se nos echa a la cara es que hay un variado espectro de público, desde la señorona que va con sus amigas a ver obras de teatro por recomendación de otras señoras, hasta los estudiantes de las variadas escuelas y universidades de artes, que suelen llevar gafas de pasta. Respecto a sus opiniones, el primer grupo se caracteriza por sus comentarios ligeros y concisos, sobre todo referidos a los intérpretes, que habitualmente comienzan con la famosa frase “pues tal o cual actor trabaja muy bien”. El segundo grupo, por el contrario, acostumbra a sumergirse en sesudas discusiones, llenas de referencias, hasta lograr convertir la realidad en una película de Woody Allen.
  Una cuestión importante es saber si el receptor es el vulgo o un pequeño grupo de especialistas. Si el caso es la segunda opción, nos enfrentamos a un problema de complicada solución. Porque entonces tendremos que aplicar algún criterio para distinguirlos dentro de la masa informe de ideas en la que están sumergidos. Además correremos el riesgo de convertirnos en estadistas y malas personas. Una posibilidad es clasificarlos en función de los nombres de artistas y pensadores con los que queremos enlazarnos como si de un mapa de hipervículos se tratara. Yo me estrujo los sesos para expresar en palabras los movimientos convulsos de mi intestino y los epecialistas destrozarán mi obra, que indudablemente está inspirada en alguna idea de Cioran y rezuma Kierkegaard por todas partes. Y es que lo del escritor célebre es un trabajo muy poco agradecido. Cierto que hablarán de uno, pero no puedes estar presente en todas las conversaciones de los amantes del arte. Si hubiera un Dios le pediría que me permitiese acudir a todas estas interesantes charlas sobre mí, aún teniendo que soportar un intenso dolor de cabeza. Esto es algo inevitable. Y sin haber leído a Kierkegaard.
  Dejáremos para el juicio final lo de clasificar al público.
  Igual simplemente quiero divertir a las señoras con anteojos, que ahora ya llevan teléfono móvil y hablan sobre fútbol, tendré que escribir musicales para la Gran Vía o comedias para el Teatro Maravillas. También dejaré de utilizar sustantivos neutros y escribiré siempre: señoras y señores, damas y caballeros, el público y la pública. Aunque esto último también me pasaría con los amantes del arte y compañeros de profesión, porque les gusta la transgresión, pero que sea sintáctica y gramaticalmente correcta. Por algo votan al ¿PSOE?, ¿PP?, ¿PSC?, ¿UPD?... dejémoslo en que votan. Solo observen, todos los partidos que nombro tienen la P, de Público. Cierto que olvidé IU, pero ¿todavía existe? P, de Público. Y es que... incluso viviendo de esto siguen obcecados en cambiarse de lado. ¿Es eso vocación? Lo mejor va a ser el vulgo. Aunque aquí otro problema. El cine. Parece que el cine es nuestra perdición. Y lo digo porque ahora prefieren ver la gala de los Goya que ir al teatro.
  Es cuestión  importante la de intentar averiguar por qué razón algunos de los seres que habitan una ciudad como Madrid se animarán a entrar a un teatro o coger un libro. Si salimos a la calle constatamos que ofrece multitud de ocupaciones, que pueden alejar a los potenciales receptores de las ondas excelsas de nuestra emisora.
  Así que salgo a la calle… y me voy a un bar. Ya les contaré en sucesivos artículos sobre mis reflexiones. Si las recuerdo.
Fabricio Barreiro

domingo, 30 de enero de 2011

"El público está en la calle"

[Artículo excindido, o sea mutilado. Maison Derrière]

Yo vengo a ser una suma de tópicos, casi todos ciertos. Algunos están a flor de piel (por razones obvias no los voy a enumerar ya que ustedes son mucho mas observadores que yo y ya se habrán dado cuenta de lo que estoy hablando), otros son la máscara que utilizo para defenderme en las luchas del día a día e incluso otros me los han "encasquetado" (perdonen la expresión), sin tener opción al rechazo  de la etiqueta en cuestión.  Y ahora ademas me veo en la tesitura de emular  a Don Mariano (Larra,  no Rajoy, de momento este último por muy señor que sea no se merece el "Don") como si fuera yo, pobre de mi, un periodista con ambiciones literarias que cree en el poder de la palabra para cambiar  la sociedad.   

El tema que ocupa este artículo no es precisamente el de exponer mis aventuras y desventuras en la capital o esa jungla de hormigón en la que el asfalto arde cuando el mercurio alcanzá niveles estratosféricos, pongamos que hablo de Madrid, sino mas bien de dilucidar como se comporta el público en pleno S.XXI en una ciudad como esta, tan particular como cualquier otra. Villa y corte del estado español  se erige como el faro cultural de una península que, entre unas cosas y otras, se ha visto condenada al ostracismo durante algunos años. Hoy se presenta como una ciudad abierta, cosmopolita y llamada a ser el centro cultural del sur de Europa. Crisol de culturas, ha vivido un cambio muy significativo en los últimos años. Barrios enteros han modificado su fisonomía para dar cabida a vecinos venidos de los lugares más recónditos del mundo. Un nuevo público que encuentra en Madrid un escenario perfecto. ¿Quién es el público y dónde se encuentra?. No me tachen de oportunista al intentar dar respuesta a una cuestión tan elevada.  Si tuviera que apostar por una hipótesis diría algo así como: "El público es diverso y está en la calle".  La Gran Vía ya no se alfombra con cláveles sino con el azul corporativo de Telefónica (hoy por  hoy se conoce con el nombre de Movistar) para enmoquetar el asfalto de tan célebre calle.  

  • ¿Cuándo se realiza la "Noche en Blanco"?
  • Es el próximo sábado. Aunque los últimos años se ha transformado en un macro-botellón patrocinado por el Ayuntamiento.
  • No seas exagerado, en Madrid, siempre se ha bebido en la calle.
  • ¿Es una noche para la cultura? ¿O el oktoberfest ibérico?

Ahora la concejala de Medio Ambiente,  Ana Botella, abre un expediente de investigación contra los organizadores del Orgullo Gay de Madrid por superar los niveles de ruido “de manera alarmante”. Acaso, ¿no se da la misma problemática en otras fiestas populares de la capital?, ¿Por qué no abrir un expediente contra las fiestas de San Isidro o a la anteriormente mencionada “Noche en Blanco”?. Será cuestión de perspectiva,  y como no, de tradición. La tradición, en determinados casos, es una gran losa que impide el movimiento,y por tanto, el cambio. Y ahora que me tachen de "progre".  Una etiqueta mas no me hará daño.  ¿He vuelto a hablar de mi y ni tan siquiera me he dado cuenta?, ¿soy consciente de todo lo que se puede volcar en un artículo como este?.  Ya se lo que quería  escribir, un artículo de hondo calado político y social, que removiera alguna que otra conciencia.  ¡Vaya meta!. Y eso que esto no es una carrera de fondo. 

El público, en general, disfruta con toda una serie de entretenimientos. Fútbol, toros, cine, televisión, moda... Edades, sexo o gustos son algunas de las categorías en las que se divide esta “masa”. Un target  al que van destinados una serie de productos diseñados para su disfrute sin que implique una reflexión posterior (cosa que no contempla un sistema que por momentos se tambalea, o eso creemos, aunque últimamente en la TV no paren de repetir palabras como "libertad", "pueblo" o "victoria"). Los madridistas llenan cada domingo religiosamente el Santiago Bernabeú, los colchoneros hacen lo propio en el Vicente Calderón o los amantes de los mercadillos encuentran en el Rastro el lugar perfecto para su redención. 

Hoy más que nunca “la masa” está viva.  Ente informe sin  consistencia concreta capaz de generar cambio, ¿no?. La masa puede hacer que un concursante de operación triunfo abandone su sueño o  que ideas conservadoras y tradicionales estén de rabiosa actualidad.  ¿Qué hacer?. Por lo que a mi respecta esta noche iré de etiqueta. 





ZIGMAT

jueves, 27 de enero de 2011

Cambio de propósito. Versión de "Mi nombre y mis propósitos" de Larra



La otra noche la pasé viendo ese nuevo Reality Show en TV. Por su puesto, tenía que escribir un artículo y una antecrítica. Sin embargo -y estarán todos de acuerdo conmigo- que es más importante: ¿El trabajo o el ocio?
Años atrás había elegido está carrera por un deseo incontrolable de hablar y contar esa historia que nunca nadie realizó. Ser un crítico y no dejar que nadie sea conducido por un camino diferente al mío. Era el elegido y eso debía de enseñar. Pero ser un “criticón” al final fue distinto. Ver teatro: mi pasión; disfrutar de las nuevas y viejas historias: todo a la basura. El calor desapareció. Mis trabajos no eran aceptados y las obras que escribía, nadie las levantaba. La luz se apagaba. El agobio y el cansancio pronto me cercaron. Conclusión: no quiero salir de casa.
Según mi madre, estaba caminando por un pésimo sendero y así me lo recordaba por teléfono:
- Hijo, tiene que salir a pasear, ve al teatro, al menos baja al bar y conversa con la gente. No tienes amigos. No puedes vivir así.
- Tengo trabajo.- Respondía con falso entusiasmo y esperando mí despido.
- Pero tampoco tienes novia.
- No empieces, mamá- Pero ella comenzaba, hablaba y hablaba. Yo terminaba en la cocina preparándome un bocadillo, el auricular sobre la almohada y ella, mi pobre madre, habla que habla.
Pero la muy santa, tenía razón. Vivía en un vacío. Ni siquiera las deudas llamaban a mi puerta. No tenía amigos ni pareja. Estaba solo. Sin embargo, no me sentía así. Hace una semana había descubierto un mundo nuevo y fácil: me había comprado un televisor. Desde ahora, mi único y gran trabajo: ejercitar el dedo del mando.
¡Adiós, que descanses en paz, mi buen amigo teatro! Bienvenido, mi gran televisor de plasma.
Con mi nueva televisión LCD, podía saciarme de todo lo que me interesaba. Ver fútbol, comedias y dramas. No necesitaba de ningún espíritu humano. Engordaría y bebería todo el maldito día. Nada nunca llenaría mi vida como tú: Mi bella pantalla de 32 pulgadas.
Pero anoche, viendo ese capitulo del reality, mi vida con su objetivo cambió. Ese chico que no sé cómo se llama y que es el “malo” de la casa-estudio se quedó solo. Solo… al igual que yo. Lo observé vagar por las habitaciones, de fondo sonaba una triste canción. Sus compañeros le negaban la palabra por esa broma que les hizo. Y él deambulaba sin compañía. No se dan cuenta esos subnormales que nosotros somos juguetones y que no le queremos hacer daño a nadie. Al final el chico encontró una cámara y se dirigió a mí en privado:
- Tú me comprendes.- Y estaba muy compungido, pero como un valiente continúo – lo que hice fue una broma. La pimienta no es tan mala para la digestión… toda esa gente son un grupo de histéricos.
El joven le dio un manotazo a la cámara, siguió su camino al patio y encendió un cigarrillo. Yo también encendí el mío.
No necesitamos amigos que nos quieran. Él tenía su cámara y yo mi televisor. El amor comprendido es el que se le da a un objeto. Una lágrima cayó por mi mejilla. Cuando tuve los ojos secos habían aparecido los anuncios. Un buen momento para cambiar de canal. Aquí siempre se puede cambiar, cambiar a un lugar mejor.
La naturaleza se volvió imagen: Discovery Chanel. Mucho mejor que contar ovejas. Pronto me iría a dormir. Una idílica imagen: un ciervo bebiendo agua en un río. Atardecía y sus rayos se reflejaban en el agua. Eso era vida, así quiero la mía. Sin embargo, una bestia apareció escondida entre la belleza. Abrió sus fauces y de una bocanada hizo desaparecer a mi nuevo amigo. Ese cocodrilo me quitó el sueño, pero me dio la respuesta que yo no había solicitado.
Ugrumov- pensé de inmediato- qué haces creando tamaño desfile de estupideces para con tú vida. Deja de lado tú sentido del humor o te quedaras solo. Pero ten cuidado no seas ingenuo, si lo haces esas bestias te comerán.
¡Levántate y anda, Ugrumov!
Por la mañana le revendí el televisor a mi madre. El dinero lo utilice para abonarme al Maria Guerrero. Ahora tengo energías y no tendré recaída No soy un genio, pero si sé trabajar. Ninguno de vosotros puede decir lo contrario. Así que con cuidado, no quiero ver a nadie holgazaneando.

P. Ugrumov

miércoles, 26 de enero de 2011

El día de Santa Teresa de 2010


- Fígaro e Irene en la sala de los suicidados-

Voy a ser sincera, esperaba otra cosa; algo un poquito más acogedor. Eché una rápida ojeada para ver si encontraba a Pedro con su madeja de llaves y sólo vi una monja vieja, con hábito de carmelita, que era la que organizaba aquellos días el cotarro. Luego me enteré que era Santa Teresa de Ávila, con tan mala leche que le habían puesto a trabajar el día de su cumpleaños de cielo; el otro, el de la tierra, es una festividad que por aquí no está muy de moda: los recuerdos pueden hacerte la existencia imposible.
Decidí entonces acercarme a preguntar, algo contrariada, y observé como le seguía un apuesto joven con dejo francés y cabeza abierta, de la que goteaba un pequeño hilillo de sangre caliente.

  • Perdone, madre, ¿podría decirme donde me hallo?
  • Hija mía, ¿no se ha dado cuenta?, está aquí por haber hecho lo que ha hecho. ¿Cómo se le ocurrió? Es el Señor el que predispone nuestra hora y sólo Él.
  • Lo siento de veras, madre. Vivía sin vivir en mi.
  • ¡Ay! Alma de cántaro -me dijo- nunca cambiaréis lo que ya está escrito. Este es el paraje al que vienen todos los que atentan contra la vida del Altísimo. Tendrás que esperar aquí hasta que llegue la hora de tu juicio. Ponte cómoda.
  • Espero, Ilustrísima, que por aquí la justicia sea más rápida que allá abajo. Disculpe mi impertinencia, pero podría decirme quién es ese hombre. Me resulta terriblemente familiar -le pregunté.
  • Es Don Mariano, buena gente. Me está echando una mano en estos días de jaleo. Nos conocíamos de antes, vínculos con la tierra.
En ese momento miré a mi alrededor y descubrí que aquello era una auténtica casquería: muñecas abiertas, grandes charcos de vómito, puñales en el pecho y un par de antorchas humanas aún humeantes; ¡todo un rosario en pena!
Como no tenía más remedio que esperar, decidí matar mi tiempo entablando conversación con el joven y mítico Fígaro, más que nada por aquello de los vínculos teatrales, además de mi ferviente admiración juvenil. He de aclarar que ya desde el principio nuestra relación no tuvo nada que ver con aquella fama de huraño que arrastró en vida.

  • No sabe usted Don Mariano cómo le aprecio y admiro, pero dígame, sin ofenderle, ¿cómo se atrevió usted? Hombres de su ilustre talante nunca sobran.
  • Hija, aquí estamos en las mismas condiciones, no se gasté usted tanta finura -respondió con media sonrisa-, tengo que reconocer que se me echó encima el mundo; al final, los amores son lo que hacen más daño.
  • No sabe cómo le entiendo. Todos cometemos errores, fíjese, yo misma sin ir más lejos. Cuénteme, maestro, ¿cómo pasa sus días por aquí? ¿práctica usted algún pasatiempo?
  • Pocas ocupaciones, pocas; la existencia es bastante relajada. Algún paseo, algún vino con mis amigos... no nos engañemos, ligeramente aburrido. Allí tiré la toalla y empecé a verlo como un cementerio; por intentar ir al norte, fui al sur, con anteojos negros perdí la fe en los hombres...
  • Veo que no ha perdido ni un ápice de su ingenio, pero permítame que se lo diga, sin ánimo de causar molestia alguna, era usted algo cascarrabias.
  • Hay que estar ocupado en algo, mujer -dijo después de una sonora carcajada- No hay nada mejor que perder el tiempo en lo que uno cree. Pensé que incluso yo mismo podría mejorar.
  • En realidad, Don Mariano, no hizo usted cosa diferente a lo que dictaba el espiritu de su tiempo. Le tocó lidiar con una época difícil.
  • Hablando con unos y con otros, desde aquí arriba me he dado cuenta que las épocas son difíciles para todos, cada una tiene lo suyo, no se crea -y después de un largo silencio, añadió- ¿cómo siguen la criaturas por la tierra?
  • Tampoco seré yo la que le mienta. Como bien sabe, no ha cambiado mucho la vida por allá abajo. El publico sigue siendo el mismo público, la administración te despacha con el cambie usted de ventanilla, la justicia es aliada de las tortugas y los reyes y políticos de las cigarras... imagínese, ¡un auténtico cementerio!
  • ¡Quite, quite, por Dios! A mi ya se me han ido aquellos pájaros de la juventud -me recriminó-. Mejor vivir en el Campo Santo que la existencia etérea de aquí arriba. ¿Conocé Las Moradas, de la monja?
  • Por supuesto, Don Mariano -me apresuré a contestar.
  • La vida de allá abajo es así, un camino. Siempre será mejor hablar que coser la boca, expresar tus ideas allá... porque aquí ya no encuentran interlocutor al que satisfagan. Desgraciadamente, ahora no hay nada que hacer; allá abajo, aunque sólo sea un poquito, todavía ha de quedar gente interesada, ¿no?
  • Siempre me sorprendió usted con sus sabias palabras. Tiene razón, las cosas caminan mal, pero...
  • Siempre será mejor hablar que cerrar los ojos, ¿no le parece? -dijo sin dejarme acabar.

Algo cansado por culpa de la larga conversación, me despedí de él. Hasta pronto, le dije; a lo que me respondió: “eternamente”. Parece que mi existencia aquí va a ser algo aburrida, en la tierra aún se podía patalear como un niño chico, pero ¿aquí qué vas a hacer? ¿morir eternamente de aburrimiento? Don Mariano fue siempre un hombre inteligente, lo que hay que hacer es agarrarse a un clavo ardiendo y no enmudecer. Confiar en el tiempo de allá abajo y no rendirse. Aprender del joven y no del apresuradamente viejo. ¡Salud y libertad! que dirían otros.
¡Lástima que yo ya no pueda, pero vosotros todavía sí! Aprenderos la lección: no callar. Adelante música.




Irene Ochoa